Un futuro para la Pino

Un futuro para la Pino

En busca de proyectos viables para evitar su desaparición
Cooperativismo o producción artesanal podrían ser opciones

Juan de Dios Rath destapa una de las anónimas botellas que don Luis Pino acaba de poner sobre la mesa y bebe por gusto, sin las urgencias de la sed. “Un olor dulce, un sabor que creíamos perdido bastan para alborotar la memoria”, piensa, mientras cierra los ojos y se da el lujo de recordar melancólicamente ciertas cosas.

Don Luis Pino encabeza la reunión de 15 ó 20 personas que comienzan a hacerse amigos en el sopor del mediodía del sábado 20 de julio. Ha traído para todos Sidra Pino, que preparó un día antes con la fórmula que heredó de su padre y que conoce de memoria porque sabe que quizá sea el último brindis —más allá del entorno familiar de los Pino— con el “champán de Yucatán”, la icónica bebida que su bisabuelo canario inventó en alta mar y que el imaginario colectivo hizo trascender de su simple condición de producto de consumo para convertirla en uno de los símbolos más representativos del regionalismo yucateco.

Malos tiempos
La embotelladora de Sidra Pino nace en 1888, año bisiesto comenzado en lunes. El mismo año en que Van Gogh se corta una oreja, Jack el Destripador merodea en las húmedas noches de Londres y se filma en Francia la primera película de cine de la historia. Luego de un siglo de prosperidad y dominio, los tiempos recientes han sido de adversidad, de mala vida. Hoy, con 126 años a cuestas y el aire de un fantasma desamparado, la fábrica que ha sido orgullo de los yucatecos está a punto de la desaparición definitiva.

Utopías aparte, no hay muchos escenarios posibles para el porvenir de la Sidra Pino, cuyas penurias se agravan con los días. Aunque el más probable es el cierre radical, en este mar de confusiones —en el que nadie sabe nada— todo puede suceder y todo es una mera ilusión.

Los que guardan esperanzas dicen que la Pino podría imitar el ejemplo de las cervezas artesanales —que aunque tienen baja participación de mercado han conseguido hacer crecer su producción en los últimos años—, o seguir los pasos de la refresquera Pascual Boing que, en un problema parecido, fue adquirida por los trabajadores, que la convirtieron en una cooperativa.

“Yo no doy por muerta a la Sidra Pino. Atraviesa por un complejo problema laboral que se ha prolongado mucho, pero que espero se resuelva. ¿Cómo? Es una pregunta difícil… tal vez con la intervención de las autoridades”, comenta Pino Cardeña, quien era el gerente general cuando la empresa fue vendida por su padre y sus tíos.

Imitaciones
Le pregunto si es cierta la historia de que los Pino no entregaron a los nuevos dueños la fórmula exacta de la negra y la cebada. “Creo que hay algo de verdad… o quizá no la supieron preparar como mi abuelo y mi papá, pero era evidente la diferencia. Otras embotelladoras han imitado la negra y la cebada, pero ninguna las ha podido igualar, y lo mismo ocurre con el Soldado de Chocolate”.

Luis Pino me confirma que él tiene la fórmula original, que su padre se la heredó y que prepara cuando la ocasión lo amerita. Me comenta también que piensa dejársela a sus hijos, aunque no sabe cuándo se volverá a usar.

Sobre la fabricación artesanal, me dice que ese no sería el problema, sino competir contra las grandes refresqueras, “aunque la Pino siempre ha tenido su propio nicho de mercado”, admite.

La marca, hoy se sabe, podría ser recuperada porque forma parte de los bienes embargados al dueño que tendrán que ser subastados.

La formación de una cooperativa le parece buena idea, pero ve difícil poder sacarla del terreno de las conjeturas. “En estos momentos no es posible por la situación laboral de la empresa. Habría que preguntar a los empleados qué quieren hacer y qué pueden hacer… pero sabemos que están cansados de tanto pleito y sólo esperan que se les liquide conforme a la ley”.

En todo caso, insiste, habrá que esperar, al parecer el conflicto entró en la recta final con la denuncia penal que interpusieron hace unos días los trabajadores contra el patrono.

Un futuro real
Hace años, cuando Wílliam Gáber era el dueño, Luis Pino supo que la embotelladora estaba en venta, se presentó, dijo quién era y que estaba interesado en comprarla, pero Gáber prefirió vendérsela a su suegro, Vicente Erosa… “Y hasta allí llegué”.

“Pase lo que pase, yo estoy dispuesto a cooperar con cualquier proyecto viable, que tenga un futuro real, es un poco ocioso ponerse a pensar cosas que no son factibles. Ojalá hubiera una persona dispuesta a rescatar la Sidra Pino”, finaliza.— Mario S. Durán Yabur




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