Un esfuerzo constante

Joven gimnasta lucha cada día por superarse

Estéfany Sosa Alvarado, de 17 años de edad,  ha representado a México en campeonatos de su deporte, la gimnasia rítmica, en distintos países

Estéfany Sosa Alvarado, de 17 años de edad, con esfuerzo, dedicación, responsabilidad y, sobretodo, mucho corazón ha representado a México en varios campeonatos de su deporte en distintos países.

Su pasión es la gimnasia rítmica.

En la sala de su hogar, en la colonia Miraflores, Estéfany relata las alegrías, tristezas y satisfacciones que le ha dado este deporte.

Es originaria de Mérida, Yucatán, pero desde hace tres años reside en el Distrito Federal.

Cuando tenía 15 años tuvo la oportunidad, gracias al talento demostrado en el conjunto estatal de gimnasia, para irse a entrenar y vivir al Centro Nacional de Desarrollo de Talentos Deportivos y Alto Rendimiento (CNAR).

La joven indica que al principio no quería ir, ya que tenía mucho miedo de dejar a su familia, amigos, escuela y sus compañeras de deporte. Pero gracias al apoyo de su madre tomó la decisión y “fue la correcta”, expresa.

Cuando llegó al D.F. fue difícil ya que no conocía a nadie y extrañaba mucho a sus seres queridos. Durante un año estuvo sin competir, sólo estuvo entrenando por lo que quería salirse y regresar a Mérida ya que sentía que no era tomada en cuenta. Su entrenador le dijo que el próximo año vendrían competencias y el mundial, que no se desesperera, así que lo pensó y decidió quedarse.

Y así pasó el año y por fin tuvo su primer contacto con un nuevo país, Bulgaria.

Ahí acudió con la selección nacional a un campamento para preparase para el mundial. “Estuvo fuerte el entrenamiento, casi muero de tanto entrenar”, expresa mientras juega con sus manos, una liga para el cabello.

Indica que fueron duros los entrenamientos “fueron muy rudos, estrictos, pero al final todo vale la pena”, expresa.

Un sacrificio

Uno de los sacrificios es comer, ya que los deportistas como ella deben tener una alimentación balanceada, pero afirma entre risas que ella y sus compañeras a escondidas iban a la tienda a comprar chocolates, aunque a veces las “cachaban” y las regañaban.

Los regaños son muy fuertes y a veces te hacen llorar y cuestionarte qué haces aquí, porqué estás en un lugar donde te regañan y no con tu familia. “Y lloraba, pero mis papás me dieron la fuerza para seguir y continuar con mi sueño”, manifiesta.

Después tuvo su primera competencia con el conjunto nacional en San Petesburgo y observó la diferencia de entrenar y competir en gimnasios locales, a uno ya de talla mundial. Pero lograron salir bien con algunos errores por ser la primera ves.

Luego llegó el mundial en Ucrania y sintió nervios ya que representaba, junto con sus compañeras, al país. Los reflectores, las cámaras, el público la intimidaron al principio, pero luego ella y sus compañeras lograron hacer un buen papel quedando en el lugar 25 del mundo.

Señala que se hacen muchos sacrificios por alcanzar tus metas, pero la satisfacción es grande. “Aprendes de nuevas culturas, nuevas lenguas, otras formas de pensar y ver el mundo, es hermoso”, enfatiza.

La joven se encuentra de vacaciones con su familia y hoy regresa al Distrito federal para preparase para los pre-panamericanos.-Abraham Bote Tun




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