Su pasión, la lucha. Su oficio, afilador de cuchillos

Por una lesión deja las arenas

Manuel Humberto Dzib Chin junto a su rueda de afilar. Lleva en el oficio de afilador 30 años y antes lo combinaba con las luchas

Manuel Humberto Dzib Chin dedicó gran parte de su vida a la lucha libre, pero debido a una lesión tuvo que abandonar lo que era su pasión y ahora se dedica al oficio de afilador de cuchillos.

Dzib Chin recorre todos los días distintas calles de la ciudad, desde Yucalpetén, en el Poniente, hasta Polígono 108, en el Oriente. El sonido de su silbato azul se alcanza a escuchar desde lejos.

Su oficio es el del tradicional afilador de cuchillos. Un oficio que lleva realizando desde hace 30 años.

Ahora este oficio es muy escaso, poco a poco han ido desapareciendo los afiladores, pero Dzib continúa.

A la edad de 15 años decidió salir de la ciudad, la necesidad y las carencias lo obligaron a viajar al D.F.

Ahí se encontraba un tío y le enseñó ese oficio, afilando desde materiales quirúrgicos, cuchillos, sierras y más.

Después de 5 años ahí, y de extrañar su ciudad, su gente y su comida, regresó a Mérida y aquí siguió con esta labor. Ya tenía 20 años.

Es un trabajo duro, caminas varias horas bajo el sol, y a veces en la lluvia, dice.

Pero su verdadera pasión, su sueño, era ser luchador.

Así que apenas regresó del D.F. logró hacerlo.

Se metió al gimnasio “Apolo”, que se encuentra en la calle 62 del Centro.

En las mañanas trabajaba afilando cuchillos y en las tardes entrenaba para ser un luchador.

“Yo era el “Cuervo Azul”, exclama mientras hace una pose de lucha.

“En el ring me sentía otro, era muy bonito que las personas gritaran tu nombre…, me encantaba”.

El ex luchador indica que desde pequeño veía en la televisión de su vecino al Santo y él quería ser igual.

Por eso siguió su sueño.

A su esposa no le agradaba mucho la idea de que sea luchador, porque consideraba que era muy peligroso.

Pero a él no le importó y seguía entrenando arduamente para su primer encuentro.

Dzib Chin recuerda cuando luchó por primera vez en la Plaza de Toros Mérida.

“Fue una de mis luchas más importantes, porque era un escenario grande, y lo mejor de todo es que gané”, comenta entre risas.

En un combate se lastimó la espalda, aunque no fue algo grave.

Luego de recuperarse su esposa le pidió, entre lágrimas, que ya no continuara por el temor a que le pasara algo. Lo dejó por su familia.

Después de dejar las luchas se dedicó tiempo completo al oficio de afilador.

Gracias a el trabajo de luchador y de afilador pudo sacar a delante a sus hijos, les pudo pagar hasta la preparatoria. Ahora ellos ya están grandes y ya hicieron sus vidas con sus familias.

Aunque pase horas en el sol recorriendo las calles no le molesta, ya que en el camino ha hecho muchos amigos.

Le gritan ¡qué onda Cuervo Rojo!” y los saluda con una sonrisa.

El afilador invita a las personas a seguir sus sueños, aunque parezcan imposibles, que nadie los detenga, para que cuando estén ya viejos no se lamenten y deseen regresar al pasado para poder realizarlos. “Nunca es tarde para hacerlos”, puntualiza.

Manuel Dzib finaliza la platica, toma su rueda de afilar y sigue su camino por las calles, el sonido de su silbato poco a poco se pierde a lo lejos.- Abraham Bote Tun

De un vistazo

El silbato

El silbato del afilador es muy importante, ya que con éste llama la atención de toda la clientela.

Ya no hay muchos

Manuel Humberto Dzib Chin indica que actualmente son muy pocos los que realizan esta labor, ya que muchos no saben cómo se hace o lo hacen mal.

La crisis

Ahora la crisis está muy difícil, ya la gente ni tiene para pagar para que les afilen sus cuchillos, dice entre risas.

Extraña las luchas

Dzib Chin indica que extraña las luchas , pisar un ring y sentir la adrenalina. A veces suele ir a algún gimnasio y ver cómo los jóvenes entrenan. En ocasiones hasta consejos les da.

Era técnico

Afirma que cuando era luchador pertenecía al bando de los “técnicos” y le gustaba derrotar a los “rudos”




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