Satisfacción y sorpresas

Más sobre el caso del techo de un templo parroquial

En relación con una carta que publicamos ayer de la Comisión de Cuidado de Bienes Culturales y Arte Sacro de la Arquidiócesis sobre el caso del techo de la iglesia de Cristo Resucitado, en el fraccionamiento Montecristo, el arquitecto Fernando López E. nos envió el comentario siguiente:

Desde el día siguiente de mi desplegado en el Diario del 20 de este mes, sobre el templo de Cristo Resucitado, se han publicado muchas opiniones sobre la amenaza de una falla de la estructura del templo que parecen originarse por mi escrito, algo que me sorprende, porque en él advierto claramente que no hay peligro inminente de desplome de las trabes.

Las declaraciones publicadas en el Diario, en realidad no han hecho más que confirmar lo que escribí: como no existe un peligro inminente de desplome no hay razón para clausurarlo.

Ayer me enteré de una noticia publicada en la sección Local, en la cual la Comisión de Cuidado de Bienes y Arte Sacro de la Arquidiócesis menciona mi nombre diciendo que mi investigación publicada les sirvió para que, apoyándose en mis datos, decidieran autorizar una prueba de carga en el templo, decisión largamente esperada.

Era de mi conocimiento que el presbítero Oscar Cetina Vega había solicitado a una Comisión el permiso para hacer la prueba en su templo desde mayo; pasados casi 30 días y escuchando como única razón para no hacerla ya el que había que cumplir antes con “protocolos” ante una Comisión de la Arquidiócesis y temiendo que muriera entre protocolos, decidí hacer públicas las dolencias de la estructura y las azoteas con un doble fin:

a) El enterar a los feligreses de la parroquia para que conociéndolos, presionaran a su párroco a hacer la prueba. b) El presionar a los integrantes de la Comisión para que ellos, al conocer públicamente y con detalles los problemas que expuse, liberaran el permiso al padre Cetina de hacer la prueba en su templo, permiso retenido hasta entonces por puros protocolos burocráticos.

En la carta de la Comisión mencionada me entero con satisfacción que mi desplegado les fue útil para que, apoyada en los datos que en él aporté, sus integrantes aceptaran no solo la conveniencia de hacer la prueba sino de que además ya la hubieran solicitado a la empresa del ingeniero Mario Gómez Mejía, como les había pedido puntualmente el P. Cetina.

Algunas personas al leer mi desplegado pensaron que yo lastimaba a la Iglesia de Yucatán y así me lo hicieron saber. Nada más lejos de mí el querer lastimar a mi Iglesia, cuando lo que yo trataba con él era de destrabar un proceso urgente para uno de sus templos y, en honor a la verdad, buscaba y busco todavía, el que mis descendientes que frecuentarán el templo no estén amenazados por los problemas de estabilidad que descubrí al hacer mi investigación.




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