Música “de gente grande”

Toca desde hace 20 años el saxofón en el Lucas de Gálvez

José Chan Couoh y  Guadalupe Fuentes Rodríguez tocan  jazz y otros ritmos en el mercado Lucas de Gálvez

José Chan Couoh era un niño de seis años cuando vio tocar por primera vez el saxofón en un gremio de la iglesia de su natal Sotuta de Peón.

Tanto le llamó la atención que a los 12, con lo que ganaba trabajando en el cultivo de henequén, viajó a Mérida para tomar clases cada 15 días en un pequeña academia de música.

Hoy día se gana la vida tocando ese instrumento a las afueras del mercado Lucas de Gálvez.

Hace 35 años Chan Couoh dejó Sotuta de Peón para vivir en Mérida y junto su compañero Guadalupe Fuentes Rodríguez, quien lo acompaña con una vieja tarola, toca en varios lugares del Centro.

“Tocamos música de gente grande, desde jazz, danzón, chachachá, cumbia, entre otros ritmos”, expresa.

Mientras los dos músicos tocan su amplio repertorio, la gente se detiene un instante y le regala unas monedas.

El saxofonista recuerda que desde los seis años de edad se dedicó al cultivo del henequén y que a esa edad le empezó el gusto por la música, sobretodo por el instrumento que ahora le sirve como fuente de ingresos.

En un gremio observó a las personas que tocaban, le llamó la atención el saxofón y quiso aprender a tocarlo.

Fue muy complicado, pero no le importó porque le gustó mucho.

Desde los 12 años de edad, cuando terminaba su trabajo en el campo, se dedicaba a practicar todo lo que le que enseñaban en la escuela.

Cuando el trabajo en el henequén llego a su fin vino a Mérida junto con Fuentes Rodríguez. Al no encontrar trabajo se animaron a tocar en las calles la música que les gustaba.

“Soy músico estudiado, no soy lírico, leo la música”, comenta.

También afirma que tiene tan buen oído que puede escuchar el claxon de un automóvil y saber qué nota es.

“Hace 20 años que me dedico a tocar afuera del mercado”, cuenta mientras limpia con su playera la boquilla del saxofón. “Lo hago por que me fascina y también por necesidad”.

A veces se acercan jóvenes para pedirle consejos sobre cómo tocar el instrumento y él con gusto comparte con ellos lo poco o mucho que sabe.

“Hay de todo”

Hay personas que les gusta que toquen y les agradecen, pero otras, de muy malos modales, les arrojan cosas como gomas de mascar o papeles. “Son las consecuencias de ser músico callejero”, dice.

A las 9 de la mañana llega al mercado Lucas de Gálvez, afina su instrumento, toma el suficiente aliento y empieza su jornada.

“Amo el sonido de mi instrumento, es tan suave, me transmite tanto sentimiento, por eso lo escogí”, expresa.

Como todo músico callejero -hay una gran número de ellos en las calles del Centro Histórico-, dice que es la única manera de sacar para el pan de cada día, pero afirma que lo hace más por gusto que por necesidad.

Hay días en que no gana mucho, pero entiende la situación, ya que así como él están los demás, buscando la manera de salir adelante, y no se preocupa, ya que tiene fe de que al día siguiente le irá mejor.

Nunca se rinde aunque llueva, haya mucho frío o el sol esté muy fuerte, siempre sale a trabajar en la música.

“Cuando te gusta la música buscas la manera de aprender, hasta con latas si es necesario”, sentencia.- Abraham Bote Tun




Volver arriba