Maestro del bordado

Humberto Soler López lleva más de 80 años trabajando con la aguja

Humberto Soler López, de 98 años, muestra a una potencial cliente algunos de sus trabajos de "Bordado con la Aguja Maravillosa"

En unos de los pasajes del Portal de Granos, ubicado en la calle 64 con 56-A del Centro, todos los días se encuentra un señor con un sombrero de paja y con un singular bigote blanco, quien trabaja en lo que él llama “Bordado con la Aguja Maravillosa”.

Se trata de Humberto Soler López, de 98 años, quien desde temprana edad demostró gusto y gran capacidad por el “arte del bordado”.

Su padre fue quien le enseñó las técnicas con la aguja, cuando sólo tenía ocho años.

Cuando llegó a la edad de 10, sus padres se separaron y para él fue muy difícil esta etapa ya que quería que siempre estuvieran juntos sus progenitores.

Debido a los problemas que trajo esta separación y a la edad de 12 años, decidió alejarse de su ciudad, de su hogar y de sus padres, por lo que se aventuró a conocer otros lugares.

Entonces se fue a Belice.

Ahí estuvo viviendo primero en las calles y en algunos albergues.

Sobrevivía a base de pequeños trabajos, pero su principal fuente de ingresos fue todo lo que aprendió de su padre, el bordado.

“En otros países valoran más este tipo de trabajos, aquí (en Mérida) casi no, les parece algo inútil. Sin embargo, en varios países de Centroamérica quedaban maravillados con el bordado”, indica Soler López.

Desgraciadamente, comenta, a veces las personas son muy egoístas, lo quieren todo para ellos y no les gusta enseñar lo que saben, lo que han aprendido a través de los años y de sus experiencias en sus viajes.

Pero señala que él es una persona que le gusta enseñar lo aprendido y por eso cuando regresó a Mérida decidió enseñar todo lo que sabe.

Inventó una aguja con la cual hace el trabajo al cual denominó “Bordado con la Aguja Mágica”, y con esto pudo pagarle la escuela a sus hijos.

Ahora ellos ya está grandes “y cada quien está por su rumbo”.

Después de un buen tiempo recorriendo algunos países como Guatemala, Belice, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica, sintió cierta nostalgia por su lugar de origen y por eso regresó.

“Las personas deben hacer lo que les gusta y nunca sentirse mal ni avergonzarse de sus raíces, de dónde vienen y de su cultura. Siempre hay que ser honestos y con la capacidad de dar a todas las personas lo mucho que saben de la vida”, concluye.- Abraham Bote Tun




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