Labor sin descanso

Jóvenes se ganan la vida vendiendo en el Periférico

Daniel Jesús Jiménez Pech, de 17 años, se gana la vida vendiendo mangos y ciruelas en uno de los tramos del Anillo Periférico Oriente

Daniel Jesús Jiménez Pech , de 17 años de edad, se gana la vida vendiendo mangos y ciruelas el Periférico Oriente.

Todos los días, desde las 7 de la mañana, el joven monta su triciclo y va a a vender sus productos.

A diferencia de los muchachos de su edad, que están en las escuelas a esas horas, él se la pasa trabajando.

Y no es porque no le guste la escuela o estudiar, sino por que es necesario para que tengan qué comer él y sus hermanos.

“Claro que me gustaría estudiar, pero la necesidad me hace salir y trabajar. Qué más quisiera estar en un salón de clases y aprender, y no aquí sufriendo bajo el sol”, se lamenta.

En el trabajo en el periférico conoció a Valentín Sierra Aguilar, de 25 años de edad, que vende chicharrones, y a Manuel Pérez, vendedor de aguas frescas.

Entre cada luz roja anuncian sus productos, “aguas, mangos y chicharrones”, se escucha en coro.

No respetan

Valentín Aguilar comenta que es complicado vender ya que algunos automovilistas no respetan y pasen cerca de ellos, incluso los insultan.

“Pero uno se acostumbra, pues es necesario para tener qué comer”, expresa.

Por su parte, Daniel Jiménez Pech indica que es muy difícil trabajar bajo el sol y que algunas veces ha estado a punto de desmayarse.

En ocasiones, dice, algunas personas se les quedan “viendo feo”. “Piensan que somos maleantes o algo por el estilo, pero no, sólo somos unas personas que queremos ganarnos el pan de cada día”.

Por momentos descansan en la sombra de los árboles, esperan unos minutos y luego continúan trabajando. “Muchos trabajan en las calles por necesidad, no por gusto o porque somos flojos”.

“En los trabajos normales no nos contratan por nuestra apariencia o por que no tenemos estudios y es muy complicado. No todos tenemos la suerte, el lujo y privilegio de asistir a una escuela”.

Cuestan los útiles

Aunque hay escuelas de gobierno, el muchacho indica que lo que sí cuesta son los útiles escolares.

“Pues hay que buscar la forma de salir adelante. En cambio, otros se van por lo fácil robando ajeno, la delincuencia, y eso sí que está mal”, expresa.

En ocasiones no logra vender mucho, son los días en que sí le va mal, pero no se da por vencido, ya que al día siguiente tiene la confianza de que las cosas serán mejor.

Juega, se ríe, se divierte y platica mientras trabaja.

Lo hace ver como si no fuera un trabajo duro, como si fuera muy fácil, pero trabajar más de ocho horas bajo el Sol y que cuando llueva no tenga donde guardarse más que debajo de las ramas de unos pequeños árboles sí que es complicado.

“Las personas me llegan a dar más de lo que cuestan los mangos y jugos, lo hace de buena gana, de corazón y esas personas sí valen mucho”, expresa.

El calor

En un descanso toma un poco de agua y se moja un poco la cabeza para refrescarse, para aliviar el “bochorno” de la tarde. Se coloca de nuevo la gorra en la cabeza y continúa.

A las seis de la tarde es cuando termina su jornada laboral, se sube a su triciclo y parte de regreso a su hogar.- Abraham Bote Tun

De un vistazo

No hay descansos

Daniel Jesús Jiménez Pech y Valentín Sierra Aguilar indican que en su trabajo no existen días de descanso, ya que cada día que pasa es importante para ganar dinero.

Tiempo

Jesús Jiménez Pech lleva vendiendo mangos y ciruelas en las calles cuatro años.

Ganancia

Cuando le va bien gana al rededor de 400 pesos al día. Y cuando “no jala” gana 100.

Clima

Valentín Sierra Aguilar explica que las ganancias a veces dependen del clima. Cuando hay mucho calor a la gente no se le antoja un mango o un chicharrón.

Nos apoyamos

Los vendedores dicen que se ayudan mutuamente para que vendan. Entre los dos veden ambos productos: los chicharrones y los mangos.




Volver arriba