“Hice de todo en la vida”

Después de una vida dura acabó como peluquero

Con ayuda de una máquina y un peine, Tony, como le gusta que lo llamen, corta el cabello a un cliente en su local de la calle 67 con 64 del Centro. La peluquería es uno de varios oficios que aprendió a realizar

Le gusta que le digan Tony, sin más apelativos, y se gana la vida como peluquero en el rumbo del mercado de San Benito.

Sentado a la puerta de su local, en la calle 67 con 64 del Centro, leyendo un libro mientras espera a que llegue algún cliente, se observa a Tony con un camisa blanca, cabellos grises y lentes.

Pero no siempre se ha dedicado por completo a este oficio que aprendió cuando era “un chamaco”.

Antes de dedicarse a esto fue albañil, carpintero, redero -fabricaba redes para los pescadores-, electricista y más trabajos que a lo largo de su vida aprendió a realizar.

“Hice de todo”, expresa.

Tony es originario de Oxaca, pero desde la edad de 17 años ha recorrido varias partes del país.

Ensenada, Baja California; Mazatlán Sinaloa;Veracruz Chiapas y Yucatán.

No sabía lo que hacía

Se salió de su casa a temprana edad por “bruto”, afirma entre risas.

“Tenía 17 años, no acabé la escuela, no tenía experiencia en ninguna trabajo, no sabía lo que hacía”, expresa.

Como cualquier joven con ganas de conocer nuevas cosas y dejar a sus padres, se aventuró a esta nueva vida.

En el camino fue aprendiendo varios oficios que desempeñaba arduamente para ganarse el pan.

Su primer destino fue Tuxtla Gutierrez, Chiapas.

“Ahí agarré el machete y me fui a trabajar en los plantíos de plátano.

Fue duro, afirma, por las variedad insectos y mosquitos que hay en la selva.

En Mazatlán trabajó de carpintero y peón de albañil.

Ahí permaneció gran parte de su vida.

Dice que fue un trabajó muy duro porque tenía que pasar varias horas al sol.

“Fue muy dura la vida, en ese momento es cuando te das cuenta de lo que dejaste; tu casa, tus padres, la comida. Todo fue porque no terminé mis estudios, tuve que pasar por varias dificultades”, dice.

Después de recorrer varias partes y conocer muchas personas y amistades, el destino lo trajo a la Ciudad Blanca, Mérida.

En su negocio de peluquero puso en práctica lo que aprendió desde la escuela.

Ahora vive de cortar el cabello y de algunos trabajos que salen de albañil. Dice que está contento con su vida en compañía de su esposa.

A pesar de la vida dura que llevó, en Mérida pudo encontrar la paz y al amor.

De pronto llega un cliente, prepara las tijeras, el peine y la máquina para cortar cabello. El cliente pasa y se relaja en el asiento.

“El corte de siempre, Tony”, indica el cliente.- Abraham Bote Tun

De un vistazo

Ya no es como antes

Ahora el trabajo como peluquero ya no es como antes, lamenta Tony, con la cabeza para abajo.

De antes ganabas bien. Ahora contrabajo y para comer, expresa.

Sueldo por los suelos

El sueldo de las personas está por los suelos, todos estamos amolados con esta crisis, ya las personas con trabajo y tienen para un corte, enfatiza.

No lo hacen bien

Los que dicen ser de academia te cobran mucho y a veces ni te hacen bien el corte, indica.

Poca clientela

De vez en cuando vienen las personas y como cobro barato por eso prefieren venir conmigo.

Mayormente me piden que los deje “pelones”, por el calor y así no tienen que regresar tan seguido a cortarse el cabello.

Trabajar y trabajar

“Trabajar y trabajar es lo que nos queda, descanso sólo los muertos”, puntualiza.



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