Herencia que muere

Reparar ollas, un oficio que ya nadie quiere aprender

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César Manrique Rosado trabaja en la reparación de una olla en la colonia Canto, oficio que, dice, está a punto de perderse en Yucatán
César Manrique Rosado en la última revisión a su trabajo


El rapidísimo golpeteo del martillo contra la olla se ha convertido en un ritual que anuncia la presencia del reparador de trastes en las calles de las colonias del sur y oriente de la ciudad.

Las amas de casa ya conocen el singular ruido de metales y al reparador de ollas César Manrique Rosado, un sexagenario meridano que vive de este oficio que está en peligro de extinción.

Todos los días Manrique Rosado recorre largas distancias en su viejo triciclo equipado con un trozo de riel de ferrocarril curvo en la punta, cizalla, cientos de remaches, un trozo de madera cuadrado, alicates y la herramienta estrella: un martillo de puntas redonda y plana.

Manrique contó al reportero que sólo conoce a otros dos reparadores de ollas de aluminio activos, pero también de edad avanzada. Cree que cuando los tres reparadores dejen de existir desaparecerá este oficio de las calles meridanas, porque nadie se interesa en aprenderlo.

Dijo que a él le enseñaron los chinos hace más de 50 años. Todavía recuerda que “Don Chencho” y Ulises Park, cuando eran jóvenes, salían a las calles con sus tenates cargados con herramientas para reparar ollas, cacerolas y sartenes. Aquellos se dedicaron a otros negocios y abandonaron la reparación de ollas.

La habilidad de Manrique Rosado se vio en la acera de la calle 113 entre 36 y 38 de la colonia Canto, cuando cubrió 10 agujeros de una olla de aluminio que le dio un ama de casa. Con golpes de martillo suaves y rápidos devolvió la figura de olla y un nuevo tiempo de vida útil al traste.

“El tomate pica el aluminio”, dijo. “Esta olla tenía un montón de huecos”.

Las amas de casa prefieren reparar los trastes de aluminio que comprar otros, porque hoy día el aluminio “es una porquería y rápido se pica”.

Contó que hace más de 50 años fue chalán de unos chinos, cuyos apellidos olvidó, y una vez que aprendió el oficio mandó fabricar su trozo de riel curvo para que meta y gire la olla cuando la repara.

“Los chinos pasaban de casa en casa. Andaban con su tenate y tocaban una campana para que la gente supiera que estaban en el rumbo”, señaló. “Los Park componían ollas, ellos también me enseñaron”.

Por fortuna la reparación de trastes es abundante hoy día, por lo que tiene mucho trabajo. Cobra $15 por la reparación de cada olla y $7 por trastes pequeños.

El día de la entrevista, además de las ollas que reparó en la calle, llevó ocho más y cacerolas para trabajar en su casa de la colonia Vicente Solís.

Sale a la calle desde las 8 de la mañana y regresa a las 2 de la tarde, pero si solicitan sus servicios amplía su horario. Cuando Manrique Rosado recogía sus herramientas ese día, el ama de casa le pidió: “No guarde sus cosas. Le voy a traer otra olla agujereada”.

Luego pasó otra vecina y le dijo: “Pase por la casa, necesito que repare mi olla”.

Antes de entregar su trabajo, Manrique Rosado coloca frente al Sol la olla reparada para verificar si se cubrieron los minúsculos agujeros o si hay otros que aparecieron durante los martillazos. Luego pasa la palma de la mano por todo el traste para constatar que no quedaron partes hundidas. Para mayor certeza de la calidad de su reparación, pidió a la dueña del traste que lo llenara de agua y verificara si se taparon los huecos. Cuando hay filtración lo repara de nuevo.Cobra hasta que el ama de casa quede totalmente satisfecha y se despide de sus clientes con un gracias.- Joaquín Chan Caamal

De un vistazo

Reparador de ollas

El sexagenario meridano César Manrique Rosado vive del oficio de reparación de ollas de aluminio en las calles.

Herencia que se pierde

Él aprendió de unos chinos que se dedicaban a esto, pero, según dice, ahora nadie quiere aprender el oficio, al que se dedican sólo tres personas ya mayores, por lo que, cuando ellos mueran, con ellos morirá esta tradición.

Largos recorridos diarios

Recorre todos los días largas distancias en un viejo triciclo equipado con un riel curvo en la punta, cizalla, cientos de remaches, un trozo de madera cuadrado, alicates y la herramienta estrella: un martillo de puntas redonda y plana.

Hasta que esté conforme

Cobra hasta que el ama de casa quede totalmente satisfecha y se despide de sus clientes con un gracias.




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