Entre el vicio y la diversión

Entre el vicio y la diversión

Jugar en el casino es cada vez más popular en Mérida

Pedro Arango Torres, Rebelín Echeverría Echeverría y Efraín Duarte Briceño, en la presentación del libro "Juegos de azar en casinos"

Sociedad

Los juegos de azar se han instalado, todo hace suponer que definitivamente, entre los hábitos de entretenimiento preferidos de los yucatecos. Los casinos les ganan terreno con velocidad a otras formas de recreo y socialización más universales y atemporales, como salir a cenar o a bailar, al cine, al teatro o espectáculos deportivos.

El libro “Juegos de azar en casinos”, que reúne los trabajos de ocho expertos en Psicología de la Uady, revela que la creciente afición al juego ha roto en Mérida las formas de recreación tradicionales y ha generado nuevas prácticas y comportamientos relacionados con el consumo del ocio y diversión.

Según el nuevo texto, presentado ayer en la Facultad de Psicología, pese a que hay quienes opinan que el juego es un vicio, quienes frecuentan los casinos encuentran muchos motivos para hacerlo, entre los cuales ganar dinero no es el principal. Antes están la diversión, superar el aburrimiento, olvidar los problemas. Para la mayoría, el juego es una vía de escape al estrés, distrae, hace salir de la rutina, libera de la tensión y aleja la soledad.

Es irrebatible, señalan sus autores, que Mérida se ha convertido en la capital del juego del sureste mexicano: en los casinos de la ciudad los asistentes invierten un promedio de 121 millones de pesos mensuales. “En lugar de invertir, que podría darnos la falsa idea de alguna ganancia (los intereses de dicha inversión) yo preferiría utilizar palabras como gastan, emplean, incluso pierden”, acota el psicólogo Efraín Duarte Briceño, encargado, junto con Pedro Arango Torrejón, de la presentación del libro.

Los autores, prosigue el Psic. Duarte, hacen notar que “los casinos meridanos están ubicados de manera estratégica obedeciendo a la oferta de bienes y servicios dirigidos a las clases medias y altas y todo se conjuga para que -como canto de sirenas- su influjo irresistible lleve intencionadamente a la perdición”. Pese a estos señalamientos, la doctora Rebelín Echeverría advierte que el libro, lejos de ser una denuncia, presenta una mirada despatologizante sobre la afición al juego.

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