Entorno desalentador

El sur profundo, con pobreza que parece no acabar

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Refugios de tamaño poco mayor al de un baño, construidos con retazos de tablas, láminas, cartón, palos, maderos, y con piso de tierra. Sin agua corriente ni ventilación, inseguros, incómodos e irritantes, y que obligan al hacinamiento.

Esas son las “casas” en las que viven miles de familias de colonias marginadas de Mérida, buena parte de ellas ubicadas en el sur de la ciudad, donde la violencia tiene una de sus raíces en esas condiciones de vida, lo cual hace más perturbador el paso de los días en esa zona.

A esas condiciones se agrega que las viviendas carecen de cocina y baño. En ocasiones la “sala” son cuatro palos sosteniendo un techo formado con una cubierta de varios materiales de desecho, entre ellos lonas publicitarias, parte de éstas provenientes de campañas políticas o de programas de gobierno que se anuncian en ellas.

Durante el verano sus moradores prefieren estar afuera de esas guaridas, expuestos a los mosquitos. En la época de lluvias el agua se cuela por doquier y se lleva parte del piso. Y en invierno el frío se combate con un fogón en el suelo que sirve, además, para preparar alimentos. La insalubridad es permanente.

Verdadero lujo

En esos hogares los muebles son viejas piezas rescatadas de basureros o que desechan otros hogares, o bien se improvisan con materiales que se tengan a mano. Una silla decente resulta un lujo.

Generalmente en esas moradas se duerme en viejas hamacas colocadas una sobre otra y que se comparten con otros miembros de las familias. Los padres y los hijos no tienen intimidad.

Los más afectados por esa situación son los niños, quienes crecen sin saber qué es la comodidad. A su vez, los jóvenes se sienten desalentados para estudiar. ¿Cómo hacer la tarea en esas circunstancias?

Por su parte, las mamás no pueden darse un regaderazo para relajarse de la tensa jornada, pues carecen de agua corriente. El baño es a cubetazos. Los papás ven en esas condiciones de vida un reclamo permanente a su obligación de proporcionar techo decoroso a su familia.

Sin orden ni comodidad en los hogares, la gente pierde la tranquilidad y la calma. La irritación rodea a todos, la violencia es como una nube de gas que explota con cualquier chispa.

A ese panorama se agregan deficiencias en servicios públicos. Uno de ellos es el transporte: se dificulta ir y venir del trabajo o al colegio por falta de rutas adecuadas y una tarifa baja.

Larga caminata

Verónica Pech Can, vecina de Plan de Ayala, colonia ubicada después del Anillo Periférico, tiene una hija de nueve años de edad que en ocasiones camina unas 25 cuadras que separan su hogar de la primaria vespertina “Jacinto Canek”, donde cursa el cuarto el grado.

Son casi dos kilómetros con la mochila al hombro. Esa marcha es necesaria porque no siempre puede llevarla en autobús.

La entrevistada es originaria de Yaxcabá, al igual que su esposo, quien es ayudante de albañil. Éste construyó poco a poco un cuarto de bloques, pero debido a que éste carecía de protectores metálicos en las ventanas sufrieron el robo de todas sus pertenencias cuando la familia viajó al poblado.

Ahora habitan el refugio que originalmente tenían antes de intentar construir la habitación. Es un techo de dos aguas, improvisado con palos y láminas de cartón, y la mitad de éste fue cubierto con telas y otros elementos para formar un “cuarto”.

La mesa donde comen está formada por una sección de un carrete de cables de Telmex, colocado sobre un tronco. Más allá, en el piso hay un fogón para cocinar, al alcance de los perros y una niña de dos años de edad.

Construcción a medias

Magaly Puc Tun es otra ama de casa con un problema similar. Su hijo mayor es estudiante de secundaria. El muchacho usa bicicleta para ir al colegio y cada día atraviesa dos veces el Periférico para llegar a su destino.

Su cónyuge, también albañil, ya levantó paredes de lo que serán dos piezas, pero ninguna tiene techo ni puertas. El hogar está cercado por una combinación de albarrada, láminas de zinc y un viejo colchón. Hace tiempo la casa se incendió, el jefe de hogar sufrió quemaduras al salvar a la más pequeña de los tres hijos, la cual nació con una discapacidad en los pies.

Mérida es uno de los municipios incluidos por la Sedesol en su programa de combate a la pobreza, esto lo recordó la titular de esa dependencia, la ex perredista Rosario Robles Berlanga, en su reciente visita a esta ciudad.- Hansel Vargas Aguilar

De un vistazo

Familias

Profesores de la escuela “Jacinto Canek” indican quea la marginación económica de esa zona de la capital se agregan los problemas sociales que afectan a las familias.

Escuela

Como ejemplo dan un dato: gran parte de los alumnos del turno vespertino son hijos de madres solteras. En colegios como ése hay mucha deserción por la mezcla de factores adversos.




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