Constancia y dedicación

Constancia y dedicación

A sus 80 años, no pierde la habilidad para el bordado

De 80 años y originaria de Izamal, María de Jesús Canché Pech recorre las calles del Centro Histórico e incluso del Paseo de Montejo para vender los bordados y ternos que fabrica con sus propias manos

Caminando por las calles del centro se puede observar a la señora María de Jesús Canché Pech, quien a sus 80 años sigue trabajando en el bordado a mano y con máquina industrial de batas y trajes típicos de la región.

María Canché es originaria de Izamal y todos los días viaja a esta ciudad para vender sus creaciones.

No tiene un lugar específico para vender, sino que recorre varios puntos del Centro: Catedral, Santa Lucía y Santa Ana, e incluso el Paseo de Montejo. A pesar de su edad, se siente fuerte y sigue trabajando: sus manos están firmes y la vista no está cansada.

“Me gusta trabajar, lo hago para distraerme un poco, no tanto por el dinero”, dice.

El bordado lo aprendió de su padre cuando tenía 18 años, pues ella le ayudaba con los trabajos que él tenía.

“Es una labor sencilla -indica-, si tienes paciencia.

“La técnica va mejorando con la práctica, hasta lograr diferentes diseños.

“Lo más importante son la constancia y la dedicación”.

Competencia

Según ella, en Izamal hay mucha competencia y por eso viene hasta Mérida a vender sus bordados.

Hace ocho años que su esposo falleció y por esa razón, para no quedarse en su casa sola, trabaja en sus bordados y en las tardes los vende, “para despejar la mente”.

“Estuvimos casados más de 50 años”, expresa.

Las batas y los ternos que realiza los vende a entre 100 y 150 pesos. Señala que no sólo hace cinco modelos para vender, sino muchos más. “Con esto es suficiente, sale para el pasaje y un poco más”.

Compradores

Según dice, las personas que más le compran son los turistas, los “gringos” y los de otros estados del país.

“La gente de aquí casi no compra, como que les da pena usar un terno o una bata, y es algo que es parte de la tradición del estado”, enfatiza.

La bordadora indica que tiene que “esquivar” y alejarse de los inspectores, porque dice que le pueden llegar a decomisar sus productos.

“Yo sólo vengo un rato, como a a las dos de la tarde, y a las seis me voy”, expresa.

Recorriendo las calles del centro se le observa con una mirada alegre. A pesar de que los años ya han pasado por su cuerpo, ella se mantiene firme y con ganas de trabajar.

Llueva o el esté sol muy fuerte, no importa, pues ella trabaja de lunes a viernes.

“Me siento bien, con algunos malestares por la edad, pero eso es normal; pero tengo ganas de moverme y sentirme útil”, indica.

María de Jesús Canché dice que se siente alegre con su trabajo, además de que no le gusta quedarse sentada y porque en sus viajes platica con mucha gente en el camión o en las calles. Las conversaciones, dice, se guardan en su mente y en su corazón.- Abraham Bote Tun

De un vistazo

Precios

La señora María de Jesús Canché Pech, originaria de Izamal, vende sus bordados a entre 100 y 150 pesos.

Hasta donde pueda

Para la señora Canché Pech, cuando ya no pueda más, cuando sus manos tiemblen y ya no pueda bordar, entonces dejará de trabajar.

Suficiente

Como no tiene mucho presupuesto, sólo hace cinco batas o cinco ternos, pero asegura que con eso tiene suficiente para que pueda obtener dinero y ayudarse.

Ayuda extra

Sus seis hijos ya se casaron, pero en ocasiones la ayudan con los gastos de su casa.




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