Con su oficio de rezadora, una mujer ofrece bienestar a sus hijos

Imagen de archivo de una rezadora, en los Días de Muertos

Imagen de archivo de una rezadora, en los Días de Muertos

MÉRIDA, Yucatán. (Notimex).- Entre el silencio de las tumbas y el llanto apagado de los dolientes, Karla irrumpe con sus pasos ligeros y su voz clara que anuncia: ‘soy rezadora’, oficio que le ha permitido dar mejores oportunidades de vida a sus hijos y calmar el dolor por los ausentes.

 Sus ojos y el contorno de los mismos es rojizo, en esta ocasión no es por el sudor que los envuelve al avanzar ante los abrazantes rayos del Sol, sino por el dolor de haber perdido horas antes a su abuela, aquella que la crío, pero a ella ‘hay quien le rece, a muchos de los que están aquí no’.

 Para Karla Maribel Barbosa Chin no hay horario para tratar de mitigar el dolor de quienes han perdido a un ser querido, en especial cuando son niñas y niños, madres o abuelas, pero también es la oportunidad de ganar unos pesos, ‘lo que la gente me quiera regalar, yo no cobro, porque diosito me da al cien de lo que damos’.

 El primer encuentro con ella es en las oficinas del cementerio Xoclán de esta capital, donde observa los trámites para enterrar a su ‘mamá’, el domingo: ‘es algo que no voy a olvidar, murió a las 2:00 de la mañana, en el Día de las Madres y la enterramos el domingo, un día antes del cumpleaños de mi hijo, va a cumplir 15 años’.

 Empecé hace cuatro años, como un juego porque yo estaba en esta oficina acompañando a una vecina cuando una señora vino de la sala 1 (de velación) y me dijo que si no sabíamos de alguien que rezara y me vecina contestó: esta gordita sabe. No sabía nada de los misterios, pero fue aprendiendo poco a poco.

 ‘Al principio, mis hijos mayores –de 14 y 13 años- me preguntaban que si no me daba miedo y la verdad es que rezaba con los ojos cerrados para no verlos’, comenta.

 El más chico me reclamaba porque nunca estaba con ellos, pero necesito trabajar para ayudar a mi esposo, para que tengamos para comer. Hoy él me trae o lleva a las funerarias a veces.

 Pero hoy -rompe la conversación- estoy sintiendo lo mismo que sienten estas personas a las que les rezo, es la segunda persona cercana que se me muere desde que soy rezadora, la primera fue hace poco, el esposo de mi mamá, ahora mi abuela que me crió, pero ella era mi sangre.

 Le juro, añade, lloro a veces en especial cuando son niños, me da mucha tristeza, porque mueren en accidentes, de enfermedades y como mamá a veces me imagino que pueden ser mis hijos.

 Con memoria prodigiosa, Karla narra historias de niños y madres que han fallecido y la sección del cementerio en la cual fueron inhumados, en especial el caso de Gregory, Lupita y Carlos, cuyo padre mató primero a la madre y luego a todos ellos en agosto de 2011, antes de suicidarse.

 Los trabajadores de aquí me dicen la loca, ‘está hablando con los muertos’, pero como mamá me duele imaginar que algo le podría pasar a mis hijos, como le sucedió a estos niños y por eso no les dejo de rezar, aunque no den nada por ello.

 ‘Aquí don, es muy triste las cosas que ves y como madre no los puedes dejar de pensar, por eso es que ahora yo les pido a los difuntitos que acepten mis oraciones; muchas veces soy la única que acompaño a bebés que mueren y que los llevan a la fosa común porque nadie los reclama, a veces solo hay un pariente con ellos’, refiere.

 Además de rezar, Karla también limpia los jardines que rodean las tumbas –ahí si hay una cuota mensual- pero a veces el pago se acumula por mucho tiempo y no pierde la esperanza de recibir el mismo.

 ‘Hoy por ejemplo, una señora me debía cinco meses. Ya tengo para comprarle unas flores a mi ‘mamá’, de poder ayudar con algo a los gastos de su entierro. De verdad don, no voy a olvidar nunca este día, hoy siento lo que muchas personas sienten cuando les rezo a sus familiares’.

 Se limpia los ojos y tras el duelo que algunas horas, se consuela con la idea de ‘ir a ver en unas horas más a su abuela’ y acompañarla en su despedida. Por ahora tiene que ‘trabajar’ para ayudar a su esposo en los gastos de la casa, quien ‘antes se molestaba pero ahora ya no’, insiste.

 De figura menuda, Karla se escurre entre las tumbas, mientras avanza muestra la bóvedas de ‘su niños’, como Yahir, quien ‘tiene la edad de mi hijo más chico y sus abuelitos que siempre vienen me contaron que se murió de una neumonía que no atendieron a tiempo en el hospital’.

 ‘Soy rezadora; si ustedes gustan con mucho gusto le rezo a sus parientes, lo que quieran darme’, pregona entre tumbas recién ocupadas, pequeños mausoleos, estadios de futbol o simples tapas de concreto selladas con cal y polvo’, señala.

 ‘En la sección J, la que está al final del cementerio, una mamita, una mesticita me dijo, gordita solo tengo 15 pesos, pero no importa yo le recé porque diosito es bueno. Por eso estoy aquí, para rezarles, con mi abuelita está mi familia que la quería mucho, pero a muchos de estas personas nadie les va a rezar’, finaliza.- (Por Juan Matú Chalé)

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