Rinden el informe de una masacre

Los motivos del asesino continúan siendo un enigma

NEW HAVEN, Connecticut (AP).- A Adam Lanza le fascinaban los chimpancés por su capacidad de empatía, pero él no mostraba mucha.

Podía escribir un cuento que horrizaba y luego crear un poema tan hermoso que hacía llorar. Durante su infancia en Connecticut montó bicicleta, jugó béisbol, tocó saxofón y crió hámsters. De adulto, cubrió con bolsas negras de basura sus ventanas, retirándose a un mundo de violentos juegos de vídeo, armas de fuego y estadísticas sobre masacres.

A pesar de la publicación anteayer de miles de páginas de entrevistas, fotografías y escritos, el hombre que masacró a 20 niños de primer grado y seis adultos en la escuela Primeria Sandy Hook en Newtown el 14 de diciembre de 2012 sigue siendo un enigma.

Parte de la evidencia más reveladora sobre la mente del joven de 20 años parece estar contenida en escritos que la policía decidió no publicar.

Lo que sí revelan esos documentos es a un joven profundamente perturbado, que vivían con una madre que parecía incapaz de aceptar la magnitud de la enfermedad de su hijo.

En sus años de pre adolescencia, Lanza tuvo dificultades con el habla y “era monitoreado médicamente por convulsiones”, de acuerdo con investigadores. “En preescolar, su conducta incluyó comportamientos repetitivos, rabietas, oler cosas que no existían, lavado excesivo de manos y peculiaridades para comer”, dijeron fiscales en un informe. Pero los problemas reales de Lanza parecen haber comenzado con la separación de sus padres en el 2001, cuando él tenía nueve años. Adam asistió a la Escuela Primaria Sandy Hook. En quinto grado, presentó una graciosa historia sobre un “árbol pollo” cuyas frutas “contienen todo lo que necesitas para vivir, como calcio y agua”. Ese mismo año, lanza produjo cuentos más perturbadores. De acuerdo con un muchacho que trabajó con él en clase, escribió “El Gran Libro de Abuelita”. Abuelita y su hijo, “Bobolicious”‘, aterrorizan a un grupo de niños. En un capítulo Bobolicious les dice a los niños que van a jugar un juego de “esconderse y morir”. Abuelita usa su “bastón fusil” para matar a personas en un banco, un partido de hockey y un campo de entrenamiento de infantes de marina. Asimismo, viaja al pasado y asesina a los cuatro Beatles, de acuerdo con una sinopsis de la policía. Cuando estaba en séptimo grado, le dijo un maestro a los investigadores, los escritos de Lanza eran “tan gráficos que no podían ser mostrados”, salvo al director de la escuela. El maestro dijo que los padres de Adam no fueron “honestos” sobre sus problemas mentales. Adam escribía ensayos “obsesionados con batallas, destrucción y guerra”, dijo el maestro, que no es identificado en el reporte publicado. “En todos mis años de experiencia, sé que los niños hablan de esas cosas, pero el nivel de violencia de Adam era perturbador”. Pero cuando el maestro le pidió a Adam que presentase algo diferente en clase, el entregó un hermoso poema. “Adam leyó su poema en público con su padre presente, y el padre estaba llorando”, le dijo el maestro a la policía. Kathleen Koenig, una enfermera especializada en el Centro de Estudios Infantiles de Yale que realizó varias entrevistas con Adam Lanza en el 2006 y el 2007, le describió como “paralizado emocionalmente”. Koenig dijo que ella prescribió medicamentos anti depresión y anti ansiedad, pero la madre, Nancy Lanza, dejó de dárselos cuando su hijo fue incapaz de levantar un brazo, lo que consideró un efecto colateral de los medicamentos. La enfermera dijo que la mujer dejó de programar citas para su hijo. Un conocido de la familia le dijo a las autoridades que Nancy Lanza “nunca aceptó completamente que él estaba enfermo”. El 10 de diciembre del 2012, Nancy Lanza decidió probar un “experimento”. Ella iba a hacer un corto viaje a Nueva Hampshire para ver cómo se las arreglaba Adam solo durante unos pocos días. Poco después del mediodía, ella le envió un mensaje de texto a una amiga en el que dijo que “había tenido un mal comienzo”. Adam “se había golpeado la cabeza” temprano por la mañana y ellos estaban “lidiando con sangre”, de acuerdo con documentos de la policía. Nancy Lanza regresó a casa tarde en la noche del 13 de diciembre. Unas 12 horas más tarde, ella, su hijo y otras 26 personas estaban muertos.




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