La religión excusa para negar servicios a homosexuales en EE.UU.

Cristina García Casado

WASHINGTON (EFE).- Que el dueño de un restaurante se niegue a servir el menú en una boda de dos hombres, que una modista rechace diseñar el vestido de novia de una lesbiana o que un gay tenga problemas para que le vendan un anillo de compromiso. Todo eso podría ocurrir en EEUU de prosperar algunas iniciativas estatales.

Arizona, un estado acostumbrado a captar la atención fuera de sus fronteras por sus duras medidas conservadoras, ha sido una vez más el que ha puesto el foco sobre un debate en el que también están inmersos otros estados- la posibilidad de que los dueños de negocios privados nieguen sus servicios a los homosexuales con la mera justificación de sus propias creencias religiosas.

El derecho a objetar y no participar en celebraciones matrimoniales de parejas del mismo sexo sólo lo tienen por el momento en Estados Unidos las autoridades y organizaciones religiosas, pero la medida que está en la agenda de los parlamentos estatales de Arizona, Tennessee y Oregón quiere extenderlo al sector privado.

El legislativo de Arizona aprobó este viernes una ley que en la práctica ampara legalmente a los dueños de negocios para que puedan aducir razones de fe si, como ya ha ocurrido en otros estados, sus clientes homosexuales les demandan por haberse negado a atenderles.

Esta norma, que ha vuelto a enfrentar a los sectores más conservadores con los defensores de los derechos de los homosexuales, está ahora en manos de la gobernadora del estado, la republicana Jan Brewer, conocida por sus duras políticas contra los inmigrantes.

Que la firme o no es todavía una incógnita, puesto que a pesar de su conservadurismo el año pasado vetó una iniciativa similar con el argumento de que no era más que una distracción de las verdaderas prioridades que debía abordar el parlamento del estado, como el presupuesto anual.

Independientemente del futuro de esta ley y de otras similares en otros estados, el hecho mismo de que se ponga sobre la mesa la posibilidad de negar servicios a un grupo de personas por sus preferencias sexuales ya ha soliviantado a los sectores más progresistas y a las organizaciones de derechos humanos de todo el país.

Estos grupos consideran que la ley no pretende “defender la libertad religiosa” como esgrimen sus partidarios, sino que lo que busca en realidad es dar amparo legal a la discriminación de los homosexuales.

La norma también ha molestado a numerosos ciudadanos de Arizona, cansados de que su estado esté siempre en el centro de las polémicas más espinosas y temerosos de que se repita una situación similar al boicot que ya sufrieron los empresarios a raíz de la dura y controvertida ley de inmigración que aprobó su parlamento.

De hecho, el dueño de una pizzería de Tucson ha saltado a la palestra nacional al colgar un irónico cartel de protesta contra la ley nada más conocer su aprobación.

“Nos reservamos el derecho de negar el servicio a los legisladores de Arizona”, puede leerse en la puerta de su negocio.

Las parejas homosexuales de Estados Unidos pueden casarse en 17 estados y el Distrito de Columbia (donde está la capital, Washington) y en 24 hay demandas pendientes para legalizar los matrimonios entre personas del mismo sexo.

A pesar del progreso en este sentido, sobre todo a partir de una sentencia histórica del Tribunal Supremo el año pasado, en los estados más conservadores se continúan proponiendo o siguen vigentes leyes que limitan los derechos de los homosexuales.

Uno de los diarios más prestigiosos del país, “The Washington Post”, publicó recientemente un artículo muy comentado en el que enfatizaba que ocho estados tienen leyes similares -aunque no tan duras- a las de Rusia para prohibir lo que los legisladores de esos territorios denominan “propaganda homosexual”.

Las leyes rusas en este sentido, a las que ha dado mayor repercusión internacional la celebración de los Juegos Olímpicos de Invierno en Sochi, han recibido un frontal rechazo de organizaciones defensoras de los derechos humanos en todo el mundo, también en Estados Unidos.

Sin embargo, lo que muchos estadounidenses no sabían es que ocho de sus estados tienen leyes que también limitan la libertad de expresión sobre la homosexualidad.

En Alabama, Arizona, Luisiana, Misisipi, Oklahoma, Carolina del Sur, Texas y Utah existen normas que prohíben, por ejemplo, presentar la homosexualidad “como un estilo de vida alternativo y positivo” o enseñar a los jóvenes que “existen métodos seguros para practicar sexo homosexual”.




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