Estudio revela que los hombres también sufren acoso sexual

CHICAGO (EFE).— Los hombres en EE.UU., con un mayor porcentaje de casos entre jóvenes hispanos, también pueden ser víctimas de presiones para mantener relaciones sexuales en la adolescencia o en el ámbito universitario, según un estudio de la Universidad de Missouri conocido hoy.

El informe, publicado por la Asociación Americana de Psicólogos, señala que la coacción sexual “es un problema generalizado entre los hombres que pocas veces es analizado”, y en el 95 % de los casos las agresoras son mujeres próximas o conocidas por la víctima.

Los investigadores escogieron a 54 estudiantes varones de secundaria y 230 universitarios, de entre 14 y 26 años, y en el estudio comprobaron que el 43 % experimentó experiencias sexuales no deseadas con mujeres conocidas.

Un 18 % de los consultados dijo haber sido forzado, el 31 % declaró haber sido coaccionado verbalmente, un 26 % fue seducido también por la fuerza y el 7 % tuvo relaciones sexuales después de consumir alcohol y drogas.

Un 15 % de los estudiantes de secundaria consultados correspondía a hispanos, mientras que entre los universitarios el grupo fue del 10 %.

Entre los hispanos, el 40 % reportó haber sufrido coacción sexual, comparado con el 22 % de afroamericanos, 19 % de blancos y 8 % de asiáticos.

En una de las tablas del estudio donde se describen las experiencias sexuales no deseadas, 38 % de los hispanos dijo haber sido presionado verbalmente por chicas que los “agobiaron e imploraron” para practicar sexo oral.

Un 40 % del mismo grupo dijo haber mantenido relaciones sexuales no deseadas bajo los efectos de alcohol o drogas, el 17 % fue seducido por chicas que se introdujeron en sus habitaciones en la universidad con la excusa de “hacer una llamada telefónica y se desnudaron”.

Un 29 % de hispanos declaró haber sido presionado por sus amigos a tener sexo con alguien no deseado. La mitad de los encuestados dijo que los encuentros forzados terminaron en relaciones sexuales, un 10 % reportó un intento de coito y en un 40% solamente hubo besos y caricias.

Los encuestados respondieron a las preguntas en su mayoría en línea, con ejemplos de coerción verbal que incluían “mi pareja amenazó con no verme más”, o “mi pareja me hizo beber alcohol y luego se aprovechó de mí”.

El estudio señaló que los latinos estuvieron más dispuestos que los otros grupos a describir sus experiencias de presión verbal, pero en general los encuestados se resistieron a describir en detalle la coerción sexual.

Para diferenciar la coacción sexual de posibles incidentes de abuso a menores, las investigadoras pidieron a los participantes que no incluyeran experiencias con familiares.

Bryana H. French, una de las autoras del estudio, señaló en su presentación que esas cifras pueden ser mayores dado que entre los varones “existen prejuicios, estigmas y el temor de ser considerados gais por sus pares” si lo declaran.

Asimismo, la coerción sexual practicada por una mujer “puede no afectar la imagen que tienen de sí mismo los varones, que podrían confundirlo con expectativas de masculinidad y deseo sexual”, agregó.

El estudio sugiere que los resultados pueden ayudar a identificar medidas de prevención, o usarse para identificar las diferencias raciales y étnicas de las tácticas de coerción, así como para establecer claramente “la delgada línea que existe entre la seducción sexual y las tácticas de coerción sexual”.




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