Crece presión por impuestos a ciclistas en Chicago

Crece presión por impuestos a ciclistas en Chicago

Crece presión por impuestos a ciclistas en Chicago

CHICAGO, Estados Unidos (AP).- Las primeras ráfagas de nieve, lluvia gélida y temperaturas bajo cero del invierno no han sido suficiente para evitar que un sorprendentemente alto número de ciclistas en Chicago sigan rodando por sus calles, gracias en parte a que el gobierno de la ciudad está tan preocupado por atenderlos que ha desplegado máquinas quitanieves compactas para despejar los carriles exclusivos para bicicletas.

La operación para retirar nieve es sólo una de las medidas más recientes que han prodigado a los ciclistas las autoridades de la ciudad y que incluyen desde un creciente número de ciclovías hasta la segunda red de bicicletas compartidas más grande de Estados Unidos, estacionadas en todo Chicago y listas para usarse.

Este apoyo al ciclismo urbano, sin embargo, también ha planteado una pregunta a esta y otras ciudades de todo el país con problemas financieros profundos: ¿Quién está pagando por todo este respaldo oficial a la bicicleta?

En respuesta, una concejal de la ciudad propuso recientemente instituir un impuesto anual a los ciclistas de 25 dólares, que desencadenó un debate en toda la ciudad: Algunas voces hablaron a favor, alimentándose del resentimiento de los automovilistas hacia los ciclistas que se pasan los semáforos en rojo y los letreros de alto.

Varios blogs cercanos a los ciclistas replicaron que tal vez el gobierno local debería aplicar un impuesto a los peatones por usar las aceras. “¿Van a tener policías especiales en bicicleta para detener a los infractores? ¿O cámaras? ¿Cómo le harán (para hacer cumplir este impuesto)?”, preguntó Mike Salvatore, propietario de Heritage Bicycles, un negocio en Chicago que combina una cafetería animada con un taller para la creación de bicicletas personalizadas en una construcción del siglo XIX.

Chicago no es de ninguna manera el único lugar en Estados Unidos donde crece la tentación de las autoridades de tener a los ciclistas como una posible fuente nueva de ingresos, pero estos planes se han topado tanto con cuestiones de equidad como con la forma de cobrar el impuesto.

Eso está poniendo bajo prueba las metas de algunos alcaldes que están transformando las grandes extensiones urbanas con carriles exclusivos para bicicletas y otros servicios, en la búsqueda de relevancia, vitalidad y habitabilidad, con fondos que nunca son suficientes.

Dos o tres estados están contemplando cada año iniciativas de ley para crear algún tipo de registro público de bicicletas e impuestos, con calcomanías o miniplacas, dijo Douglas Shinkle, especialista en política de la Conferencia Nacional de Legislaturas Estatales. Este año fueron Georgia, Oregón, Washington y Vermont.

La legislación de Oregón, que fracasó, buscaba aplicarse incluso a los niños. “Los legisladores están tratando de ser tan creativos como sea posible y tan abiertos a cualquier tipo de posibilidades para llenar los vacíos de financiamiento. Todo está sobre la mesa”, dijo Shinkle.

No es una idea nueva. Holanda, donde el estilo de vida ciclista ha sido la norma, tuvo impuestos a las bicicletas entre 1924 y 1941, cuando los nazis lo eliminaron en un intento de ganarse a los holandeses.

Hawái ha tenido una ley de registro de bicicletas en todo el estado desde hace décadas, así como la ciudad de Colorado Springs, en Colorado, aunque en ambos casos se trata de impuestos que se cobran una sola vez y todos los ingresos se destinan a la infraestructura para bicicletas.

En el caso de Colorado Springs, la propuesta provino de la propia comunidad ciclista. Desde 1988 ha estado en vigor un impuesto de 4 dólares por cada compra de una bicicleta nueva y a nadie parece importarle. El impuesto sólo recauda hasta 150 mil dólares al año, pero es útil porque el gobierno federal agrega subvenciones equivalentes.

También ha dado a los defensores del ciclismo un argumento de peso al presionar por más proyectos en apoyo al uso de la bicicleta.

El gobierno de Portland, Oregón, está apartando carriles completos a los ciclistas que circulen por el centro de la ciudad, irritando a algunas empresas.

Robert Huckaby, quien es dueño de una empresa de mudanzas, intentó sin lograrlo recaudar un millón de dólares para incluir en las boletas electorales en todo el estado de Oregón una medida que buscaba consultar a la ciudadanía sobre si apoyaba la idea de cobrar una cuota para el registro de bicicletas y la concesión de licencias.

Huckaby se movilizó después que el gobierno de la ciudad cerró definitivamente una calle que era la entrada principal para su negocio. Los ciclistas que circulaban por esa calle hacían caso omiso a una señal de alto total en una intersección y eran golpeados por vehículos que daban la vuelta. “Lo triste es que queremos ser conocidos como la ciudad de Estados Unidos más amigable para los ciclistas, pero nadie escucha a `Juan Pueblo”’, dijo Huckaby. “Básicamente sólo están escuchando a la alcaldía de Portland y a los ciclistas”, agregó.

En Chicago, el alcalde Rahm Emanuel ha dado prioridad a los ciclocarriles y a los programas de bicicletas compartidas, en la creencia de que eso hará al centro de la ciudad en sitio atractivo para los jóvenes brillantes y las empresas innovadoras.

Más bicicletas significa menos contaminación, menos congestiones de tránsito, prácticamente ningún deterioro de las calles de la ciudad y una población más sana.

Sin embargo, la idea de que los ciclistas no están pagando su parte justa ha resonado en otra parte de la población, pero muchos ciclistas también son dueños de automóviles que pagan el impuesto a los combustibles _que ayuda a financiar la construcción de carreteras_ o propietarios de viviendas que pagan impuestos a la propiedad y que se destinan en parte a la construcción de caminos.

La concejal de la ciudad no se hizo ningún favor al tratar de convencer a los demás sobre su idea de ponerle un impuesto a las bicicletas al decir que era una buena alternativa a elevar el impuesto a la televisión por cable: Sus oponentes la fustigaron, acusándola de querer subsidiar a la gente que se pasa el tiempo aplastada en el sillón frente al televisor a expensas de los ciclistas saludables.

Buena o mala idea, algunos ciclistas sienten que el debate sobre el impuesto a las bicicletas anuncia un resurgimiento del ciclismo en la vida de todo el país. “¿Quién habría tomado (a la concejal) en serio hace 10 años?”, pregunta Salvatore, de 32 años. “íEn serio! Hace 10 años sólo había un puñado de chiflados que usaban la bicicleta para circular por Chicago”.




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