Barack Obama, presidente de día y explorador gastronómico de noche

 

Teresa Bouza

WASHINGTON (EFE).- El presidente de EEUU, Barack Obama, reconoce en el libro autobiográfico “Sueños de mi padre” haber comido perro, culebra y saltamontes durante su niñez en Indonesia, un espíritu aventurero en materia gastronómica que mantiene intacto.

Obama y la primera dama, Michelle, que tiraron la Casa Blanca por la ventana esta semana para mostrar lo mejor de la cocina de EE.UU. al presidente francés, François Hollande, van camino de convertirse en la pareja presidencial que más veces ha salido a cenar.

Si a su predecesor George W. Bush suele asociársele, cuando de comida se trata, por perder el conocimiento al atragantarse con una galletita y por su predilección por las hamburguesas con queso y los sándwiches de mantequilla de cacahuete y miel, Obama ha sido tachado de elitista por comer rúcula y se ha convertido en un rostro habitual en la escena gastronómica de Washington y Chicago.

Su última escapada fue este último fin de semana, cuando se dejó ver Michelle en el restaurante mexicano Oyamel, propiedad del chef español José Andrés, uno de los favoritos de la pareja y que también les sirvió el año pasado por San Valentín en otro de sus locales, el exclusivo y vanguardista Minibar.

Para su 52 cumpleaños en agosto pasado, Obama eligió Rasika, calificado como “el mejor restaurante indio” de Estados Unidos por el crítico del diario Washington Post Tom Sietsema, y que sirve platos como bacalao con tamarindo y espinacas fritas con salsa de yogur.

Entre los locales elegidos en sus cinco años en Washington para celebrar cumpleaños, aniversarios y ocasiones especiales con Michelle, están también el francés Citronelle, la churrasquería BLT Steak y Nora, que se jacta de ser el primer restaurante que ha recibido la certificación de ecológico en el país.

En la lista figuran otros nombres como Komi, donde la pareja ha paladeado las delicias de la comida mediterránea, el exclusivo Restaurant Eve, famoso por sus cócteles, y Equinox, donde Michelle sopló las velas en el 2009 tras un festín que incluyó ostras, churrasco, plátanos fritos y un menú de degustación.

Las salidas nocturnas han incluido en alguna ocasión a la madre de Michelle, Marian Robinson, que vive con los Obama, y a la que se llevaron a cenar por su cumpleaños en el 2009 a The Majestic, un restaurante de comida saludable en las inmediaciones de la capital.

Amante de la comida picante, del salmón y las verduras, sobre todo las espinacas, al actual inquilino de la Casa Blanca le gusta picar frutos secos entre horas y se le conoce, al igual que Michelle, por su hábitos saludables, aunque a veces se premia con alguna hamburguesa o festines de fritos, como durante sus últimas vacaciones en agosto en la playa, en Massachusetts.

En Chicago, su lugar de residencia antes de trasladarse a Washington, el restaurante favorito de Obama para las escapadas nocturnas con Michelle es Spiaggia, un sofisticado local italiano, donde la pareja ha celebrado también algún San Valentín.

Obama ha aprovechado también para comer fuera con algunos de los dignatarios que han venido a visitarlo. A la canciller alemana Angela Merkel, con quien últimamente ha tenido sus más y sus menos, se la llevó al 1789, una institución gastronómica en la capital.

Al primer ministro ruso Dmitry Medvedev lo introdujo en el mundo de las hamburguesas en Ray’s Hell-burguer, mientras que al francés Nicholas Sarkozy lo llevó al icónico restaurante de comida estadounidense Ben’s Chili Bowl, famoso por su chili, un potaje de habichuelas con carne con una peculiar salsa de tomate con especias.

La sofisticación culinaria del actual presidente estadounidense va de la mano de una oferta culinaria cada vez más variada y rica en la capital estadounidense.

El chef español José Andrés y Eric Ziebold, que dejó Per Se en Nueva York para abrir City Zen en Washington, son algunos de los pesos pesados que han triunfado en Washington, ciudad a la que, según Sietsema se ve cada vez más como un lugar importante en la escena gastronómica del país, algo que no ocurría hace cinco o seis años atrás.




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