Asesino de Phoenix dijo que sintió ganas de matar

PHOENIX (AP).— Un hombre de 27 años de Arizona acusado de matar con un puñal a su medio hermano de 12 años supuestamente dijo a la policía “simplemente sentí ganas de matar”.

Andrew Ward llamó al número telefónico de atención de emergencias (911) desde una tienda cerca de la casa en el norte de Phoenix donde Austin Tapia sufrió varias heridas de cuchillo la tarde del miércoles, dijo el sargento de policía Steve Martos.

Ward dijo al despachador que había apuñalado a alguien, y agentes encontraron a Ward con sangre en manos y ropa y un cuchillo en una bolsa del pantalón, señaló Martos.

El sargento agregó que detectives preguntaron a Ward porqué había matado al niño, y Ward dijo, “Honestamente, simplemente sentí ganas de matar”.

Otros miembros de la familia habían salido a comer, así que Ward y el muchacho eran los únicos que estaban en casa. La madre y dos hermanas adolescentes regresaron a la casa y encontraron a la policía en la que se había convertido en una escena de crimen.

Ward fue encarcelado bajo sospecha de homicidio premeditado y maltrato de un menor de edad; se le fijó una fianza de un millón de dólares el jueves en su primera comparecencia en la corte.

No tiene todavía un abogado y el 24 de marzo será su audiencia preliminar en el caso.

Un vocero de la Oficina del Alguacil del condado de Maricopa dijo que Ward estaba aún en el proceso de ingreso oficial a la cárcel, por lo que no estaba disponible el jueves para una entrevista.

Una empleada de la tienda, Kristina Krasovich, dijo que el hombre identificado por la policía como Ward tenía sangre en su camisa y un arma, y que cuando llegó a la tienda parecía como que se había limpiado las manos en el pantalón.

“El estaba realmente tembloroso y asustado. Podía ver en sus ojos que algo malo había sucedido”, dijo Krasovich a la televisora KNXV-TV (http://bit.ly/1ewfssn).

Ella lo vio tomar el teléfono, comentó Krasovich. “El se había tranquilizado, pero aún tenía esta apariencia de horror en su cara”.

Ella preguntó al hombre si estaba bien y él le respondió colocando un pulgar hacia arriba.

Unos minutos después, dijo Krasovich, el hombre comenzó a caminar hacia la puerta, donde policías que esperaban con pistola en mano le ordenaron que se acostara en el piso.




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