Tena, el robot que desafía a los francotiradores

Tena, el robot que desafía a los francotiradores

Susana Samhan

Imagen de los daños en edificios de la ciudad de Alepo.- (Foto de recortesdeorientemedio.com)

BEIRUT (EFE).- Cansados de ver el sufrimiento de sus compatriotas, dos amigos sirios, Ahmad y Bilal, han concebido un robot para rescatar a los heridos en la guerra, a prueba de francotiradores.

Tena es el nombre del prototipo que estos ingenieros exiliados, originarios de la ciudad siria de Alepo, han diseñado y que ahora busca financiación para poder ser completado.

Ahmad al Haidar explica en una conversación con Efe desde Francia que quedó impactado en 2012, cuando impartía clases de informática en Alepo, por la muerte del hermano de uno de sus estudiantes, que falleció desangrado en la calle porque nadie se atrevía a atenderle por miedo a los francotiradores.

“En el caso de Bilal, fue el fallecimiento de un primo suyo, que perdió la vida en circunstancias similares, lo que le animó a crear Tena”, recuerda Al Haidar, quien estudió ingeniería informática durante dos años en Catar y se especializó en Inteligencia Artificial.

Esas dos muertes les hicieron reflexionar sobre la manera en que podían ayudar a los heridos en medio de un tiroteo y gestaron el proyecto Robotena (robotena.org).

Los dos amigos, que se conocen desde que tenían cinco años y siempre soñaron con crear inventos juntos, comenzaron la construcción del robot hace poco más de un año.

Aunque la idea surgió en el barrio de Al Sajur en Alepo, donde residían, Tena ha ido tomando cuerpo en Turquía, donde los dos viven exiliados actualmente, aunque Ahmad suele viajar a Francia para visitar a su esposa francesa.

El robot consiste en una especie de excavadora dotada de un ordenador y de brazos metálicos para poder sacar a los heridos en zonas donde hay presencia de francotiradores, sin riesgo para los equipos de rescate, ya que será operado por control remoto.

La víctima u otra persona podrá contactar con el aparato, que contará con GPS, a través del móvil o por radio.

Ahmad y Bilal, ambos de 28 años, terminaron los brazos del prototipo hace un mes pero les falta una excavadora.

“Hasta ahora nos hemos gastado 15.000 dólares, pero necesitamos 7.000 más. Nos hemos autofinanciado completamente, de hecho mi mujer vendió su coche por Tena”, destaca el ingeniero, que ahora se gana la vida como traductor para periodistas extranjeros en Turquía desde su marcha de Alepo en septiembre de 2012.

De momento, nadie se ha mostrado interesado en patrocinar este proyecto, aunque sus creadores se lo han planteado a diferentes ONG y a agencias de la ONU.

“También se lo ofrecimos a los combatientes de la oposición, pero están más preocupados por conseguir armas”, se lamenta Ahmad, quien hace hincapié en que el fin es 100 % humanitario y que el primer prototipo será gratuito para quien esté interesado.

El nombre del robot tiene su origen en “una historia de amor de cuatro horas” en un avión, donde Ahmad conoció a una finlandesa llamada Tena, aunque el inventor enseguida puntualiza, “por si las moscas”, que la idea surgió mucho antes de conocer a su esposa, Isabella, con la que se casó hace unos meses.

Antes de la aparición de Tena en su vida, Ahmad ya había destacado en Siria por sus dotes tecnológicas e incluso le ofrecieron en 2011 cumplir el servicio militar en las oficinas del Ejército Electrónico Sirio, una red de piratas informáticos partidarios del régimen de Bachar al Asad.

Ahmad rechazó hacer el servicio militar y tuvo que vivir escondido en Alepo hasta que pudo escapar.

Pero antes tuvo la oportunidad de conocer una de las sedes del Ejército Electrónico Sirio en su ciudad.

“Cuando me lo ofrecieron visité una de sus oficinas para fingir que me podía interesar y que no me dieran problemas hasta que pudiera esconderme”, rememora.

Para Ahmad, fue una “experiencia de película”, porque le llevaron a una tienda de ordenadores “que parecía normal”, pero que en su sótano albergaba equipos informáticos muy sofisticados procedentes de EEUU, que jamás había visto en su vida, y a un grupo de diez personas trabajando para el grupo de piratas informáticos.

Desde entonces, tanto él como su amigo Bilal, que tampoco cumplió el servicio militar, están en la lista negra de las autoridades sirias y no pueden volver su país, aunque quieren ayudar a sus compatriotas con Tena, un robot que, por el momento, busca a alguien que lo contrate.




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