Hombre registra sus actividades cotidianas durante seis años

Robby MacDonell explicando su experiencia cuantificadora

El movimiento tecnológico que se ha dado en denominar yo cuantificado (Quantified Self) tiene seguidores de todo tipo: los deportistas, los tecnólogos o los compulsivos del orden y la productividad.

Recientemente, en el marco de una conferencia del mismo nombre un cuantificador llamado Robby MacDonell explicó su experiencia personal tras haber registrado durante seis años toda su actividad con tanto detalle como le fue posible: su trabajo con el ordenador, qué software usaba a cada momento, qué webs visitaba y también cuánto tiempo dormía, qué distancia caminaba diariamente y otros detalles.

Su experiencia es interesante por la magnitud de los datos que manejaba: no estamos hablando de información sobre varias semanas de modo anecdótico, sino de más de 50.000 horas en las que la actividad del protagonista era grabada y registrada en silencio.

Para ello empleó una popular aplicación entre los cuantificadores llamada Rescue Time que registra todos esos datos en una cuenta personal. Esta aplicación se instala en el ordenador y el teléfono móvil y sigilosamente guarda cada aplicación que se abre, cada web que se visita o el tiempo que duran las partidas del Candy Crush.

Gestión del tiempo
Pero lo interesante del estudio no es solo su magnitud, similar a la de el análisis segundo a segundo que ya hizo Stephen Wolfram sobre su vida digital hace tiempo, sino algunas de las conclusiones que pudo extraer.

En buena medida coinciden con los consejos que se suelen leer sobre ‘cómo perder menos tiempo con el ordenador’, ‘cómo ser más productivo en el trabajo’ y en general ‘cómo gestionar mejor el tiempo’, un recurso que, por nuestra propia naturaleza humana, es limitado.

MacDonell detectó dos principales grandes pozos de pérdidas de tiempo: el correo electrónico y los ‘despistes’ debidos a las notificaciones. El primero es un medio de comunicación que para muchos es tan ineficiente que acaban dedicando la mayor parte del día a leer, contestar y volver a leer los mismos materiales, en una especie de bucle sin fin.

El segundo es el gran problema de los procrastinadores: aquellos que son dados a postergar las tareas aburridas y se despistan con cualquier entretenimiento que les pase por delante, algo que en el mundo digital puede ser un aviso de Facebook, un nuevo mensaje en Whatsapp o una actualización de una aplicación.

Eficiencia con el mail y las alertas
MacDonell probó a desactivar todas las notificaciones tanto en el teléfono como en el ordenador, ocultando además los numeritos que avisan cuando hay ‘mensajes sin leer’ o similares.

Con esto ganó prácticamente una hora al día que pudo dedicar a otras cosas. Además, se autoimpuso un horario para el uso del correo electrónico. Dice que, sabiendo que solo puedes leer y contestar a ciertas horas (por ejemplo, de 10 a 11 de la mañana y de 5 a 6 de la tarde) se optimiza la comunicación.

Curiosamente, cuando sus interlocutores se acostumbraron a estos horarios -algunos sabiendo de su método, otros sin saberlo- se adaptaron sin problemas: cuando saben que solo contestas una o dos veces al día la gente tiende a ser más directa y no irse por las ramas.

En cuanto a otros aspectos, MacDonell también observó cierta correlación entre el ejercicio físico (cuánto caminaba cada día) y la productividad en su trabajo diario como desarrollador de software. Algo que también se podía ver en relación con el sueño: dormir menos de 6 horas le hacía no ser muy productivo; entre 6 y 7 horas la cosa mejoraba un poco y a partir de un sueño plácido de más de 7 horas la productividad se disparaba.

Con los pequeños ajustes, el protagonista de este experimento consiguió varias cosas, especialmente ser más productivo y tener algo más de tiempo libre para dedicar a tareas más de su agrado.

Para alguien que pasa normalmente más horas delante del ordenador que durmiendo -como le sucede a muchas personas- es todo un logro. Sus más de 60 horas frente a la pantalla a la semana ahora son más llevaderas, aunque para ello haya necesitado meses y años de registros y algunas sesiones de análisis; en su caso desde luego han merecido la pena.- (Con información de RTV.es)

 




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