Francisco, una nueva primavera para la Iglesia

El papa Francisco a su llegada a la audiencia general de los miércoles en la Plaza de San Pedro de la Ciudad del Vaticano.- (EFE/Claudio Peri)

El papa Francisco a su llegada a la audiencia general de los miércoles en la Plaza de San Pedro de la Ciudad del Vaticano.- (EFE/Claudio Peri)

REDACCIÓN INTERNACIONAL.  (EFE).- El papa Francisco cumplió hoy 77 años, con la mirada puesta en las reformas, que lleva de manera “prudente, pero audaz”, y en medio de la alegría de los católicos que ven en su pontificado una nueva primavera para la Iglesia.

El arzobispo argentino Jorge Mario Bergoglio (Buenos Aires, 1936) fue elegido papa el pasado 13 de marzo y en estos nueve meses de pontificado ha dado un nuevo impulso a la Iglesia Católica, sumida en los últimos años en escándalos de abusos sexuales por parte de clérigos a menores y con el Vaticano sacudido por el Vatileaks, el escándalo del robo y filtración de documentos de Benedicto XVI.

El papa Joseph Ratzinger marcó las líneas a seguir parar poner fin a los casos de pederastia y pasó a Francisco toda la información del Vatileaks, un “problema gordo”, según reconoció el propio Bergoglio, pero que no le asusta.

Bergoglio desde el primer momento ha querido devolver a los católicos la “alegría” de ser cristianos. No se cansa de decir que un cristiano es una persona alegre, que tiene que estar al lado del necesitado e irradiar la alegría del Evangelio.

A los sacerdotes les dice que tienen, como pastores, “oler a ovejas”, no ser burócratas y salir a las periferias a enseñar el Evangelio.

Aunque suave en las formas, Francisco no se cansa de denunciar con frases fuertes y duras que la pobreza que azota al mundo es un “escándalo” y que el fin de la economía y la política es servir a los hombres y que el dinero deber “servir y no gobernar”.

Sus posiciones sociales, en la línea marcada por Doctrina Social de la Iglesia, como ha remarcado en numerosas ocasiones, les ha granjeado las críticas de grupos ultraconservadores de la Iglesia que han llegado a acusarle de “marxista”.

Bergoglio, que ya en una ocasión dijo que nunca fue de derechas, aseguró recientemente en una entrevista que la ideología marxista “está equivocada”, pero que no se siente ofendido de que le llamen marxista, “ya que he conocido a muchos marxistas y son muy buenas personas”, afirmó.

Tras su elección como papa, Bergoglio cambió radicalmente y ese arzobispo más bien tímido y al que no le gustaba mucho el contacto con la prensa dio paso a un pontífice muy cercano a los fieles, como se ve sobre todo todos los miércoles durante la audiencia pública, en la que besa y besa a niños, a enfermos, a personas de todas clases sociales y para todos tiene una frase de aliento.

Francisco ha supuesto una bocanada de aire fresco para la Iglesia tras esos años de escándalos.
Benedicto XVI, según una expresión de un observador vaticano, levantó las alfombras de la Iglesia bajo las que se encontraba la inmundicia que denunció en numerosas ocasiones y Bergoglio supone ese aire purificador, que se lleva la suciedad y ha devuelto la alegría a los cristianos.

Su magisterio es sencillo, directo, el de un sacerdote de pueblo. Bergoglio pretende romper con esa imagen encorsetada de los pontífice y se muestra como un pastor cercano a sus ovejas, sin oropeles, en la línea sencilla y simple que mostraba Jesús.

En esa línea sencilla, se ha desprendido de todo aquello que en esta época de crisis puede suponer ostentación- viaja en un coche pequeño, no vive en el palacio apostólico, y se aloja en una residencia compartida con otros religiosos, entre otros gestos.

Los fieles ven en él un pontífice humilde y cercano a los pobres y más débiles y un papa en el que mirarse. Según fuentes de la Iglesia, en los últimos tiempos ha aumentos el número de fieles que asisten a misa y se confiesan.

Su doctrina no ha cambiado. Sigue siendo la de siempre de la Iglesia. Francisco “repite con una sonrisa”, según comentó una fuente vaticana a Efe, lo que Benedicto XVI decía con semblante más serio, y ambos siguiendo las instrucciones ya dadas durante el pontificado de Juan Pablo II.

Francisco ha reconocido que en su primera encíclica “Lumen Fidei” ha recogido las reflexiones sobre la fe escritas por Benedicto XVI antes de renunciar al papado y ha destacado la necesidad de recuperar la fe en el mundo actual, en el que es vista -escribió- como un salto al vacío que impide la libertad del hombre”.
El lema de su pontificado es la misericordia y las reformas de la Iglesia las está preparando con “prudencia, que no significa -afirmó- una actitud paralizadora, sino virtud de quien gobierna”.

Aspira a una Iglesia que no sea una “aduana, sino la casa paterna que facilite la fe a los personas en vez de controlarlas”.- (Por Juan Lara)

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