Yanukóvich resiste acorralado en una crisis que se eterniza en Ucrania

 

Borís Klimenko

KIEV (EFE).- El presidente de Ucrania, Víktor Yanukóvich, resiste acorralado en una crisis política que se eterniza y en la que tiene todas las de perder ante una oposición dueña de la capital y cada vez más crecida por el apoyo occidental y las concesiones que ya ha arrancado a las autoridades.

En noviembre del año pasado, cuando renunció temporalmente a la firma del Acuerdo de Asociación con la Unión Europea (UE), el jefe del Estado ucraniano difícilmente pudo haber previsto las consecuencias que acarrearía esa decisión.

La oposición europeísta se lanzó a las calles de Kiev y se hizo con la plaza de la Independencia, conocida ya mundialmente como el Maidán, y los intentos de las autoridades de desalojarla por la fuerza fueron como apagar un incendio con gasolina.

Rusia, que había advertido de que la asociación con la UE tendría consecuencias negativas para la economía de Ucrania, satisfecha con el giro de 180 grados dado entonces por el Gobierno de Kiev, rebajó en un tercio el precio del gas al vecino país y aprobó un crédito de 15.000 millones de dólares.

Este gesto de Moscú, que resolvía gran parte de los problemas más acuciantes de la maltrecha economía ucraniana, fue interpretado por la oposición como una prueba de que Yanukóvich se había vendido al oro del Kremlin y atizó aún más protestas.

El 16 de enero, la Rada Suprema (Parlamento) dominada por la mayoría oficialista, aprobó una serie de leyes restrictivas de las libertades cívicas, incluido el derecho de reunión, con el propósito de restar ánimos a los manifestantes, que ya llevaban casi dos meses en las calles.

Pero el pretendido remedio resultó ser peor que la enfermedad- tres días después, al término del tradicional multitudinario mitin opositor dominical, miles de manifestantes cargaron contra efectivos de la policía antidisturbios que custodiaban la sede del Gobierno, en la calle Grushevski.

Los enfrentamientos degeneraron en violentos choques que duraron cuatros días y se cobraron seis muertos y cientos de heridos, entre manifestantes y agentes del orden.

Balas de goma, bombas lacrimógenas, granadas aturdidoras y porras por un parte, y cocteles molotov, adoquines, piedras y palos, por otra, convirtieron la Grushevski en un auténtico campo de batalla.

Tras producirse las víctimas mortales y en medio de la crecientes presiones internacionales para la búsqueda de una solución pacífica al conflicto, Yanukóvich y los líderes opositores iniciaron un proceso de negociaciones.

Todo ello ocurría en medio de los llamamientos de la Unión Europea y Estados Unidos al Gobierno ucraniano de abstenerse del uso de la fuerza, mientras desde Moscú, la autoridades rusas denunciaban la “inaudita injerencia” de políticos occidentales en los asuntos ucranianos en favor de la oposición.

El martes de la semana pasada, el primer ministro, Nikolái Azárov, presentó su dimisión para propiciar un arreglo pacífico a la crisis, en la primera gran victoria de la oposición desde el estallido de la crisis.

Ese mismo día, las fuerzas opositoras consiguieron además que el Parlamento, dominado por el oficialismo, revocase las leyes restrictivas de las libertades civiles.

Otras de las demandas de la oposición europeísta, la amnistía para los manifestantes detenidos, también fue satisfecha por el Parlamento, aunque su entrada en vigor fue condicionada a que los activistas abandonaran los edificios públicos ocupados durante los disturbios.

De hecho, hasta entonces éste era el único “pero” puesto por Yanukóvich a las exigencias de la oposición, que demanda también la adopción por el Parlamento de un acta que restituya la Constitución de 2004, para recuperar el sistema presidencial-parlamentario.

El sistema político ucraniano fue convertido en presidencialista mediante una reforma constitucional aprobada en noviembre de 2010, meses después de que Yanukóvich asumiera la jefatura del Estado.

Según el líder del opositor partido UDAR, Vitali Klitschkó, el retorno a la Constitución de 2004 sería el “primer paso” para superar la crisis.

Pero los apetitos de los adversarios del presidente ucraniano van mucho mas allá, como ellos mismos lo declaran, pues el gran objetivo es forzar la celebración de elecciones presidenciales y parlamentarias.

Al parecer, en esta partida, a Yanukóvich ya no le quedan ases que jugar, aunque en una encuesta sobre posible intención de voto en unas eventuales elecciones anticipadas, el actual mandatario aparece casi igualado con el opositor Klitschkó.




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