Un nuevo fósil de ballena arroja luz sobre la evolución de la ecolocación

Un nuevo fósil de ballena arroja luz sobre la evolución de la ecolocación

 

LONDRES (EFE).- Un fósil de ballena de 28 millones de años de antigüedad descubierto en Estados Unidos demuestra que la ecolocación o capacidad de orientarse por sonidos surgió pronto entre los cetáceos, informa hoy la revista “Nature”.

Un equipo del Instituto de Tecnología y Colegio de Medicina Osteopática de Nueva York, dirigido por Jonathan Geisler, examinó las características del fósil del oligoceno hallado en Carolina del Sur, que corresponde a un género hasta ahora desconocido de ballena dentada, las que actualmente tienen la capacidad de ecolocación.

El descubrimiento de este fósil “indica que la ecolocación se desarrolló muy tempranamente cuando se produjo la divergencia entre las ballenas dentadas (que incluyen a las orcas, delfines, marsopas y cachalotes) y las barbadas de su antecesor común”, explica la revista.

La adquisición de la capacidad de ecolocación permitió adaptarse a su entorno a aquellos cetáceos -los dentados- que vivían en aguas oscuras o turbias, donde era más difícil navegar y cazar, apuntan los investigadores.

La ecolocación es una característica de las ballenas dentadas (odontocetos, con dientes), pero en general se sabe poco de cómo este complejo comportamiento y su anatomía asociada surgieron y evolucionaron.

Geisler y su equipo explican que el cráneo del fósil descubierto presenta rasgos anatómicos que revelarían una forma temprana de ecolocación, entre ellos una asimetría craneal y una mandíbula superior más ancha.

Un estudio filogenético (relativo a las relaciones evolutivas de grupos de organismos) realizado confirma que la ecolocación surgió muy pronto en la historia de los odontocetos, justo después de su separación del antepasado común con las ballenas barbadas.

Los científicos apuntan que la aparición evolutiva de esa capacidad de orientación por sonidos fue acompañada de cambios anatómicos, como el tamaño del cuerpo y el cerebro, y de patrones de alimentación.

Las ballenas dentadas, que son las que tienen la habilidad de la ecolocación, suelen tener entre 1 y 260 dientes, que utilizan para retener el alimento, y solo tienen un orificio para respirar.

Las ballenas con barbas (misticetos), que suelen ser más grandes y nadan más lentamente, tienen un sistema de filtrado localizado en la mandíbula inferior que les permite tragar alimentos, además de tener dos orificios de respiración.

La capacidad de ecolocación, que poseen también animales como los murciélagos, permite la orientación a través del eco- el animal emite un sonido que rebota al encontrar un obstáculo y después analiza el eco recibido.

De este modo, el animal logra saber la distancia que existe hasta el objeto que le interesa, midiendo el tiempo de retardo entre la señal que ha emitido y la que ha recibido.




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