Soldados ucranianos en Crimea enfrentan un dilema

BELBEK, Ucrania (AP).— Los soldados ucranianos en Crimea enfrentan un verdadero dilema.

Rodeados por los militares rusos que ocuparon gran parte de su base aérea militar en Crimea, unos 300 soldados ucranianos hicieron el martes un intento pacífico de retomar su base en Bélbek.

Fueron rechazados por una docena de soldados rusos que efectuaron disparos de advertencia al aire y amenazaron disparar si los ucranianos no se retiraban. Para reafirmar su amenaza, francotiradores se apostaron a su izquierda. Los ucranianos se retiraron.

“En la vida normal, no apuntaríamos armas entre nosotros ni nos dispararíamos entre nosotros”, afirmó el capitán Severin Vetvitski, ingeniero de la fuerza aérea ucraniana, de 31 años, que patrullaba una sección diferente de la base de Bélbek.

La ocupación rusa de Crimea, una península ucraniana estratégica bañada por el Mar Negro, no ha sido tan fácil como pudo haber esperado Moscú. Los soldados ucranianos en Bélbek y en otras bases en Crimea se negaron a entregar sus armas o cambiar de bando, lo que produjo estancamientos insólitos entre hombres armados sorprendidos de verse en bandos opuestos.

La agitación en Crimea se produce después que meses de manifestaciones callejeras en la capital ucraniana Kiev provocaron la salida del presidente Víktor Yanukovich, quien era apoyado por Moscú, e impusieron un nuevo gobierno ávido de alejarse de Rusia en favor de estrechar lazos con la Unión Europea.

En la base de Bélbek, la geopolítica adquirió un sabor local. La base aérea está cerca de Sebastópol, donde Rusia alquila un puerto para su Flota del Mar Negro desde 1991, cuando se desintegró la Unión Soviética.

Vetvitski era uno de los oficiales en patrulla el martes en una sección del complejo de Bélbek que todavía está en poder de los ucranianos. El y sus compatriotas han pasado tres días casi sin dormir, con escasa información sobre lo que ocurre en el mundo exterior y sin órdenes claras de sus superiores.

En señal de desafío, izaron una bandera ucraniana sobre el portón principal del complejo, mayormente cuarteles y oficinas. Para informarse hablaron con familiares desde detrás de las rejas, manteniéndose alertas ante posibles movimientos de las tropas rusas.

“Estamos preocupados. Pero no entregaremos nuestra base”, afirmó el capitán Nikolai Siomko, electricista de radio de la fuerza aérea, de 36 años, que patrullaba con un fusil AK-47.

Siomko, que ha pasado 16 años en la fuerza aérea ucraniana, dijo que los soldados en la base se sentían como rehenes, atrapados entre Rusia y Ucrania. Agregó que sus familiares estaban sumamente preocupados, especialmente su madre. `

`Pero igualmente me dijo: `Prestaste un juramento y tienes que mantenerlo hasta el fin”’, agregó. Vetvitski, que integra la misma unidad, observaba desde la parte posterior del complejo. Sonrió ante una cámara de televisión y en un inglés rudimentario gritó “íUcrania por siempre!”, elevando el puño al aire.

Pero admitió que los miembros de su unidad se sienten virtualmente solos. “Las órdenes no son claras”, afirmó. “Ellos (los comandantes) no saben qué se supone que deben hacer. Pero siguen demandándonos que no nos rindamos”.




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