Ni rencor, ni ira, ni arrepentimiento en la activista argentina de Greenpeace

MOSCÚ (EFE).- La activista argentina de Greenpeace Camila Speziale, que regresará a su país después de tres meses de odisea judicial en Rusia, aseguró hoy a Efe que no guarda rencor a nadie, pero que tampoco se arrepiente de intentar salvar el planeta.

“Es todo muy extraño. Te perdonan por un delito que no has cometido. Yo no veo la amnistía como un regalo, ya que me están perdonando por algo que no hice. Debería de estar recibiendo una disculpa”, declaró Speziale.

La argentina, de 21 años, que estuvo dos meses en prisión acusada primero de piratería y después de gamberrismo junto a otros 29 tripulantes del rompehielos “Arctic Sunrise” de Greenpeace, recibió el miércoles el perdón en el marco de una amnistía por el vigésimo aniversario de la Constitución rusa.

“No estoy enojada con Rusia. Todos cometemos errores. Lo que me da pena es que se haya sentado un precedente en un país tan lindo. Lo que me apena es que Gazprom comenzara hace una semana a entregar el petróleo extraído del Ártico”, dijo.

Speziale, que fue detenida el pasado 19 de septiembre en el mar de Bárents durante una protesta contra la plataforma petrolífera “Prirazlómnaya” del consorcio Gazprom, no se arrepiente de nada, ya que, “ahora el Ártico está en boca de todos”.

“Creo que estas acciones de Greenpeace marcan la diferencia. Son acciones pacíficas y no violentas, donde no se ataca a nadie, ni se daña la propiedad. No hicimos nada malo. No tenemos nada en contra de Rusia. Sólo queríamos denunciar que la explotación de petróleo es peligrosa en todo el mundo”, insiste.

Y se atreve a recomendar a las autoridades rusas que renuncien a la explotación de los ingentes recursos energéticos del Ártico y opten por las energías alternativas, ya que “eso es calidad de vida para futuras generaciones”.

La activista rememora el abordaje del “Arctic Sunrise” por los guardafronteras rusos como algo “totalmente surrealista”, como “una película de ciencia ficción”.

“Hombres enmascarados descendieron de helicópteros como si nosotros fuéramos terroristas en vez de ecologistas. Te tratan con violencia y te gritan en un idioma que no entiendes. Pese a todo, no sentí miedo, ya que estábamos todos juntos”, relata.

Speziale describe como “ridícula” la decisión de la Justicia rusa de mantenerla en prisión preventiva durante dos meses bajo la acusación de piratería.

“Sinceramente, yo no sabía ni siquiera de que existiera ese delito. Pensé que la piratería era cosa de películas”, confiesa.

Una vez entre rejas, la argentina asumió que tendría que estar en prisión durante dos meses, pues se negó a aceptar que pudieran condenar a 15 años de cárcel a los 30 ecologistas por “algo tan absurdo”.

“Nunca tuvimos la sensación de estar solos. Estábamos seguros de que el mundo velaba por nosotros y que exigía nuestra liberación”, manifiesta.

Lo peor de los dos meses en prisión en el puerto ártico de Múrmansk y en San Petersburgo “no fue tanto el daño físico, ya que las condiciones no eran tan malas como esperábamos, sino el psicológico”, explica.

“El aislamiento fue lo más duro. Estaba encerrada sola en la celda 23 horas al día. Teníamos una hora de caminata, aunque no se podía hacer mucho. Para comunicarte con alguien había que gritar a alguna de las otras siete chicas si coincidía que estaban de paseo”, rememora.

Speziale reconoce que, en algún momento de desesperación, llegó a temer que se pasaría muchos años en una cárcel rusa.

“Intentaba no pensar en eso. No podía desbordarme. No podía permitirme el lujo de sentirme mal. Tengo una gran confianza en mí misma. Además, sabía que lo que hace Greenpeace es lo correcto”, dice la activista, que lleva cuatro años con la organización y piensa seguir colaborando con ella.

Speziale, cuyo padre Néstor participó activamente en la campaña para su liberación, acudirá mañana a tramitar el visado de salida, aunque aún no sabe cuándo abandonará San Petersburgo, ciudad que describe como “hermosa”.

“Estuve en el ballet y me quedé con ganas de ver el museo del Hermitage, aunque nunca me sentí como una turista. En Rusia hay gente muy cálida. Nuestra detención fue una decisión apresurada y equivocada, pero sólo vi una parte de Rusia, no puedo juzgar a todo un país”, dice.




Volver arriba