Bufanda kilométrica de Perú viste sede CICR para honrar desaparecido en mundo

Bufanda kilométrica de Perú viste sede CICR para honrar desaparecido en mundo

 

Isabel Saco

GINEBRA (EFE).- El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), la mayor organización humanitaria independiente, conmemora el Día de los Desaparecidos, este 30 de agosto, decorando el exterior de su sede con una bufanda de un kilómetro de largo tejida por esposas y madres de desaparecidos de Perú.

Cuando se lanzó la idea, en 2009, el objetivo era sensibilizar a las autoridades y a la población acerca del sufrimiento y de los derechos no reconocidos de los familiares de más de 15.000 personas que, más de dos décadas después de finalizado el conflicto interno en el país sudamericano, siguen desaparecidas.

Los desaparecidos se cuentan por cientos de miles en el mundo, de modo que los 52.000 casos que el CICR tiene abiertos en distintos países representan únicamente “la punta del iceberg de esta problemática”, dijo a Efe la portavoz de la organización, Celine Buvelot.

En Perú, de las 15.000 personas desaparecidas, sólo el 11 por ciento ha sido identificadas, en parte gracias al apoyo ofrecido por el CICR en el área forense y el apoyo psicosocial a las familias.

Pero el drama de los desaparecidos no se limita a ese país en Latinoamérica y se extiende a otros varios, con situaciones muy actuales en Colombia y Centroamérica.

En el primero se considera que unas 68.000 personas siguen desaparecidas -de un total de 92.000 casos reportados a lo largo de varios años-, según datos de la institución.

La migración por causas económicas y de violencia alimenta igualmente el fenómeno de los desaparecidos, como ocurre con los ciudadanos de países centroamericanos y México que intentan cruzar la frontera entre este último y Estados Unidos, perdiendo frecuentemente contacto con sus familiares.

El CICR hizo posible, en 2013, que más de 3.300 inmigrantes de Guatemala, 7.800 de Honduras y 895 de México establecieran comunicación con sus familias a través de un puesto telefónico que financia y que es gestionado por las sociedades de la Cruz Roja de cada uno de esos países.

En el caso de los desaparecidos muertos, un factor que impide encontrarlos es el entierro cada año de “cientos de cuerpos sin identificar” en esa región, por lo que el CICR “trabaja con las autoridades” para reducir el número de cadáveres anónimos enterrados, según indica.

Los conflictos armados, las migraciones irregulares y los desastres naturales son “propicios para que las familias se dispersen y pierdan el contacto”, señala Buvelot.

La portavoz revela que cada vez son más las desapariciones relacionadas con fenómenos migratorios, principalmente en las rutas de Centroamérica y México hacia Estados Unidos, de Africa del Norte hacia Europa y en el sudeste de Asia.

“Generalmente, los migrantes salen en grupo y en el camino se separan y se pierden”, precisa Buvelot.

En situaciones tan diversas como guerras, el éxodo por razones económicas o los desastres, las familias desean saber qué ha pasado con sus seres queridos, pero también tener algún modo de honrar sus memorias.

La “Chalina de la Esperanza” cumple justamente la función de rendir tributo al padre, hijo, hermano o esposo desaparecido en una realidad como la de los Andes peruanos, donde tejer es un lenguaje y una manera común de mostrar afecto, y es un quehacer muy extendido entre las mujeres, dice a Efe una de las iniciadoras del proyecto, la fotógrafa peruana Marina García Burgos.

García se encuentra en Ginebra junto a Adelina García, cuyo esposo fue secuestrado en presencia de ella por agentes militares en 1983 y sigue desaparecido.

Ella ha sido una de las cientos de tejedoras de la “Chalina de la Esperanza” y es hoy presidenta de la Asociación Nacional de Familiares de Secuestrados, Detenidos y Desaparecidos en Perú.

Adelina García tejió una pieza de gigantesca prenda, como lo hizo cuando conoció a su esposo en la provincia peruana de Humanga, donde se instalaron y que fue una de las más afectadas por el conflicto armado entre las agrupaciones terroristas de Sendero Luminoso y Tupac Amaru, y las fuerzas militares.

García afirma que sólo en esa jurisdicción hubo entre 5.000 y 6.000 desaparecidos durante los veinte años que duró ese conflicto, que dejó unos 80.000 muertos, muchos de ellos enterrados en fosas comunes que hasta ahora se siguen abriendo.




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