Berlín, Washington y Bruselas tratan de aplacar las suspicacias sobre TTIP

 

BERLÍN (EFE).- Berlín, Washington y Bruselas trataron hoy de aplacar las suspicacias ciudadanas ante el futuro acuerdo de libre comercio transatlántico (TTIP), subrayando que favorecerá a las pymes, reforzará la competitividad de occidente y no rebajará los estándares medioambientales o laborales.

En un encuentro en Berlín con representantes sociales y ONG de Alemania, los Gobiernos de EE.UU. y Alemania y la Comisión Europea (CE) rebatieron las críticas de quienes alertan de la llegada de alimentos modificados genéticamente, la destrucción de la industria cultural continental y la reducción de la protección laboral y medioambiental.

Pese a sus diferencias, el comisario europeo de Comercio, Karel De Gucht, el representante de comercio exterior estadounidense, Michael Froman, y el ministro de Economía alemán, Sigmar Gabriel, presentaron un frente unido.

De Gucht destacó que un acuerdo de este tipo favorecerá especialmente a las pymes, que tendrán que afrontar menores barreras aduaneras, y propiciará que EE.UU. y la UE sigan siendo referente global a la hora de fijar estándares.

“Los costes regulatorios son particularmente caros para las pymes”, aseguró el comisario, convencido de que un TTIP “ambicioso”, con estándares comerciales, medioambientales, laborales y de seguridad, impulsará el crecimiento económico y el empleo a ambos lados del Atlántico.

Froman incidió asimismo en que los principales beneficiarios del acuerdo serían las pequeñas y medianas empresas exportadoras y en que el pacto comercial fomentaría “la innovación y la competitividad”.

En cuanto a las diferencias en materia regulatoria, indicó que ambas regiones, pese a las divergencias legales, mantienen unos estándares de “alta calidad”, por lo que el nivel de protección para los consumidores es similar.

Frente a estas “pequeñas diferencias”, Froman destacó el “coste masivo” de las barreras arancelarias y no arancelarias entre ambos bloques.

El TTIP, dijo, no promueve la desregulación, sino aplicar “una regulación más inteligente” y avanzar unos “estándares globales” que permitan extender a nivel internacional los “valores” comunes de Estados Unidos y la Unión Europea.

Gabriel, que apuntó que la industria automovilística alemana paga 1.000 millones de euros cada año en las aduanas de EE.UU., consideró que “no es especialmente inteligente” que aquellos que desean estándares comerciales, laborales y medioambientales internacionales se opongan radicalmente a este acuerdo.

El ministro, presidente de los socialdemócratas alemanes, afirmó que el TTIP supone una “gran oportunidad” para ambas regiones y que debe ser lo contrario a “una carrera sucia” para rebajar estándares.

Gabriel advirtió, no obstante, que Bruselas y Washington deben llevar a cabo las negociaciones de forma transparente y cimentarlas sobre una necesaria legitimidad democrática, dos de las críticas que ha recibido el proceso desde sus primeros pasos.

Los escépticos del TTIP en Alemania alertan sobre los riesgos a la privacidad derivados -fruto de la difusión de las escuchas masivas de EE.UU.- y la entrada en Europa de alimentos modificados genéticamente, además de exigir que se regulen los mercados financieros.




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