El papa Francisco genera entusiasmo y esperanza en Latinoamérica

Imagen del papa Francisco al llegar a la Basílica de Santa Sabina, en Roma, Italia, para la ceremonia del Miércoles de Ceniza.- (AP Photo/Andrew Medichini)

Imagen del papa Francisco al llegar a la Basílica de Santa Sabina, en Roma, Italia, para la ceremonia del Miércoles de Ceniza.- (AP Photo/Andrew Medichini)

BOGOTÁ, Colombia.  (EFE).- Francisco, el primer papa latinoamericano, ha despertado en su primer año de pontificado entusiasmo, esperanzas de cambio y una cuasi unánime opinión favorable en la región, con su estilo sencillo y su certera puntería para identificar las causas de los males que aquejan al individuo y la sociedad.

Son muy pocos los mandatarios latinoamericanos que no han estado con Francisco desde que fue elegido el 13 de marzo de 2013, pero las puertas del Vaticano también se han abierto a los opositores, los disidentes, los que sufren y los que claman justicia.

Como señaló en su día el presidente ecuatoriano, Rafael Correa, católico practicante, el Papa “está hablando muy claro, muy fuerte” y es “muy cercano a la gente, a los problemas locales y mundiales”.

En su primera reunión con el Papa, hace casi un año, Cristina Fernández, presidenta de Argentina, el país natal de Francisco y por ese motivo la primera jefa de Estado a la que recibió, lo encontró “ocupado y preocupado por la inmensa tarea de conducir el Estado vaticano y el compromiso de cambiar las cosas que él sabe que tiene que cambiar”.

Precisamente esa voluntad de renovar la Iglesia católica, especialmente en la Curia, que ya ha dado frutos en su primer año de pontificado, le ha valido a Francisco grandes simpatías en su región.

También su defensa del perdón y la misericordia, su apuesta por los pobres y su espíritu tolerante en cuestiones como la homosexualidad o el divorcio -no así con el aborto- han acercado a la Iglesia a muchos desencantados.

Es lo que algunos han llamado el “efecto Francisco”, de vital importancia para que la Iglesia no pierda más terreno en América Latina frente a los “evangélicos” y otros cultos.

América Latina, el “continente de la esperanza” como lo llamó Juan Pablo II, es donde se concentra el mayor número de católicos del mundo, más de 500 millones, el 42 % del total, y también es donde hay una mayor desigualdad en el reparto de la riqueza.

En su primer encuentro con la prensa internacional, Francisco dijo hace un año que quiere una Iglesia “pobre y para los pobres”.

Opiniones como esa han hecho que incluso un ateo declarado como el presidente de Uruguay, José Mujica, haya acudido a Roma para conocerle y alentado a leer su exhortación apostólica “Evangelii Gaudium” (La alegría del Evangelio).

El Papa “nos está sacudiendo, planteándonos cosas que seguramente lastiman pero que nos retratan en el fondo la hondura de los problemas que enfrenta el mundo de hoy”, dijo Mujica en febrero.

Francisco ha adoptado una postura firme en contra de la corrupción, la injusticia, los narcotraficantes, a los que llama los “mercaderes de la muerte”, la trata de personas y la explotación de los inmigrantes, todos ellos temas muy sensibles en Latinoamérica.

“Tener un papa latinoamericano es una victoria de los pobres”, señaló recientemente Joao Pedro Stédile, líder de los campesinos sin tierra de Brasil, quien ha sido recibido por Francisco e incluso ha participado en un seminario en el Vaticano.

Jorge Mario Bergoglio, su nombre antes de ser papa, también ha prestado oído a problemas más “políticos”.
En este primer año de pontificado se le ha pedido mediar en el litigio anglo-argentino por la soberanía de las Malvinas, ayuda para lograr la paz en Colombia y servir de “guía” para marcar el futuro de Venezuela, con cuyo presidente, Nicolás Maduro, se ha reunido al igual que con el líder opositor Henrique Capriles.

No se ha entrevistado con el presidente cubano, Raúl Castro, pero sí con Berta Soler, líder de las opositoras Damas de Blanco, quien le pidió “ayuda para el pueblo de Cuba”, y también ha escuchado al líder de la comunidad indígena argentina Qom, Félix Díaz, quien le expuso “las graves violaciones a los derechos humanos que sufren los pueblos originarios en el continente latinoamericano”.

Para este mes de marzo tiene prevista una audiencia con representantes de organizaciones de inmigrantes latinoamericanos en EE.UU., que quieren pedirle que interceda en favor de la reforma migratoria y la paralización de las deportaciones.

En Paraguay, el activista de derechos humanos Martín Almada le ha solicitado que divulgue lo que se guarda en los archivos vaticanos sobre las dictaduras del Cono Sur en las décadas de los años 70 y 80, “para que se sepa la verdad y actúe la justicia”.

El pasado noviembre Francisco envió una carta en la que afirma que tiene muy presente en sus oraciones a los ciudadanos dominicanos que sufren a causa de “los pecados de los hombres y mujeres de la Iglesia”, en referencia a las denuncias de abusos sexuales por parte de religiosos y un ex nuncio.

También se ha compadecido de las víctimas de desastres naturales en América Latina, como las que dejaron el huracán “Ingrid” y la tormenta tropical “Manuel” en México el pasado septiembre.

Las invitaciones para visitar países del continente le llueven, pero por ahora solo ha estado en Brasil, donde encabezó en julio pasado una multitudinaria Jornada Mundial de la Juventud.

La presidenta brasileña, Dilma Rousseff, que se ha reunido con Francisco en tres ocasiones y afirma en broma que “el Papa es argentino, pero Dios es brasileño”, le ha invitado al Mundial de Fútbol, su deporte favorito, al igual que el de la mayoría de los latinoamericanos.- (Por Ana Mengotti)

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