Clama por la paz

Pide Francisco orar para que en Siria termine la violencia

Francisco al impartir la bendición a la ciudad y al mundo, desde el balcón central de la Basílica de San Pedro

CIUDAD DEL VATICANO (Notimex).- El papa Francisco pidió ayer por la paz en las zonas de guerra en el mundo, desde Siria, presa del odio y la venganza, hasta la República Centroafricana, en su bendición navideña “Urbi et orbi” (a la ciudad y al mundo).

Desde el balcón central de la Basílica de San Pedro, ante más de 100 mil personas congregadas a pesar del frío, el Papa advirtió: “¡Las guerras destrozan tantas vidas y causan tanto sufrimiento!”.

“La verdadera paz no es un equilibrio de fuerzas opuestas. No es pura ‘fachada’, que esconde luchas y divisiones. La paz es un compromiso cotidiano, la paz es artesanal, que se logra contando con el don de Dios, con la gracia que nos ha dado en Jesucristo”.

“Viendo al niño en el Belén, niño de paz, pensemos en los niños que son las víctimas más vulnerables de las guerras, pero pensemos también en los ancianos, en las mujeres maltratadas, en los enfermos”, añadió.

Recordó las regiones en conflicto. Las vidas destrozadas por la violencia en Siria. Llamó a seguir rezando porque el “amado pueblo sirio” se vea libre de más sufrimientos, las partes en conflicto pongan fin a la violencia y garanticen el acceso a la ayuda humanitaria.

También subrayó que todos han podido comprobar la fuerza de la oración y expresó su alegría porque creyentes de diversas confesiones se hayan unido para rezar por la paz en aquel país.

Los no creyentes

“No perdamos nunca la fuerza de la oración. La fuerza para decir a Dios: Señor, concede tu paz a Siria y al mundo entero. A los no creyentes invito a desear la paz, con su deseo, ese deseo que extiende el corazón, todos unidos, con la oración o con el deseo, por la paz”, insistió.

Pidió por la paz en la República Centroafricana, a menudo olvidada por los hombres, pero no por él, que nunca se olvida de nadie. Deseó que reine la paz en aquella tierra, atormentada por una espiral de violencia y de miseria, donde muchas personas carecen de techo, agua y alimento, sin lo mínimo indispensable para vivir.

El Papa instó a que se afiance la concordia en Sudán del Sur, donde las tensiones actuales ya han provocado demasiadas víctimas y amenazan la pacífica convivencia de ese joven Estado. Imploró a Jesús que convierta el corazón de los violentos, allá donde se encuentren, para que depongan las armas y emprendan el camino del diálogo. “Vela por Nigeria, lacerada por continuas violencias que no respetan ni a los inocentes e indefensos. Bendice la tierra que elegiste para venir al mundo y haz que lleguen a feliz término las negociaciones de paz entre israelitas y palestinos. Sana las llagas del amado Iraq, azotado todavía por frecuentes atentados”, invocó. “Alienta y conforta a los desplazados y refugiados, especialmente en el Cuerno de Africa y en el este de la República Democrática del Congo.

Haz que los emigrantes, que buscan una vida digna, encuentren acogida y ayuda”, agregó.Exigió que no sucedan nunca más las tragedias como las que se vieron en este año, con los numerosos muertos en la isla italiana de Lampedusa, en su mayoría personas que escapaban de África.Solicitó al niño de Belén que toque el corazón de cuantos están involucrados en la trata de seres humanos, para que se den cuenta de la gravedad de este delito contra la humanidad.

También que dirija su mirada a los niños secuestrados, heridos y asesinados en los conflictos armados, y a los que se ven obligados a convertirse en soldados, viendo robada su infancia.Oró para que Dios mire al planeta, que a menudo la codicia y el egoísmo de los hombres explota indiscriminadamente; asista y proteja a cuantos son víctimas de los desastres naturales, sobre todo al pueblo filipino afectado por el reciente tifón.”En este mundo, en esta humanidad hoy ha nacido el salvador, Cristo el Señor. No pasemos de largo ante el Niño de Belén.

Dejemos que nuestro corazón se conmueva, se enardezca con la ternura de Dios; necesitamos sus caricias”, afirmó. “El amor de Dios es grande; a él la gloria por los siglos. Dios es nuestra paz: pidámosle que nos ayude a construirla cada día, en nuestra vida, en nuestras familias, en nuestras ciudades y naciones, en el mundo entero. Dejémonos conmover por la bondad de Dios”, apuntó.




Volver arriba