Casas frescas “calientan” al planeta

El auge del aire acondicionado incide en el clima

NUEVA DELHI (Por Elizabeth Rosenthal, de The New York Times International Weekly).- Ayshree Punjabi, una mujer de 40 años de Surat, India, compraba un equipo de aire acondicionado en una tienda de Mumbai. Ella compró su primero hace 10 años y ahora tiene tres.

“Ahora casi cada casa de Surat tiene más de uno”, afirmó. “Los niños los ven en la televisión y los exigen”.

Una unidad de aire acondicionado se ha convertido en un símbolo de estatus de clase media en naciones en desarrollo. Es más barato que un auto y quizá más importante en la vida diaria, sobre todo en las regiones calurosas, donde una temperatura fresca puede facilitar que un niño estudie o que un trabajador duerma.

Sin embargo, a medida que las unidades florecen en ventanas y tiendas en todo el mundo, crece la alarma entre los científicos sobre el impacto de los gases con que trabajan. Todos son potentes agentes del calentamiento global.

Las ventas de aires acondicionados crecen 20% al año en China e India. Con el crecimiento de la clase media, las unidades se vuelven más alcanzables, y las temperaturas suben con el cambio climático.

Los gases de los aires acondicionados son regulados a través del Protocolo de Montreal, firmado en 1987, creado para proteger la capa de ozono. Ya se han eliminado los enfriadores más antiguos, los cloro fluoro carbonos (CFC), y los más nuevos, que se usan en naciones industrializadas, tiene poco o ningún efecto sobre el clima.

Empero, estos gases tienen un impacto en el ozono que el tratado ignora casi por completo. Por su peso, contribuyen al calentamiento global miles de veces más que el dióxido de carbano, el gas de invernadero estándar.

Los principales científicos en este campo recién calcularon que si todos los equipos que llegan al mercado mundial emplearan los nuevos gases que actualmente se emplean en aires acondicionados, hasta 2.7% de todo el calentamiento global sería atribuible a esos gases para 2050.

De modo que la terapia para curar un desastre ambiental global está ahora generando otro.

“Hay un precioso poco tiempo para hacer algo”, manifestó Stephen O. Andersen, copresidente del panel de asesores técnicos y económicos del tratado.

La concentración atmosférica de los gases que sustituyeron a los CFC, llamados HCFC y que apenas dañan la capa de ozono, se han duplicado en las últimas dos décadas. Y las concentraciones de los nuevos gases, amigables con el ambiente, crecen en forma meteórica.


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