El ojo humano, la mejor herramienta para buscar un avión

El teniente Jayson Nichols mira por la cabina del piloto de un avión de la Real Fuerza Aérea Australiana, durante el operativo de búsqueda del desaparecido vuelo de Malaysia Airlines sobre el Océano Índico meridional, hoy jueves 27 de marzo 2014.- (AP Photo / Michael Martina, Pool)

El teniente Jayson Nichols mira por la cabina del piloto de un avión de la Real Fuerza Aérea Australiana, durante el operativo de búsqueda del desaparecido vuelo de Malaysia Airlines sobre el Océano Índico meridional, hoy jueves 27 de marzo 2014.- (AP Photo / Michael Martina, Pool)

EN EL OCEANO INDICO SUR (AP) _ Observan por horas la inmensidad del mar, que por momentos parece confundirse con las nubes. De vez en cuando acercan tanto la frente a las ventanillas del avión que dejan marcas grasosas, mientras sus ojos van de un lado a otro, de arriba abajo, buscando algo, cualquier cosa que pueda explicar lo que sucedió con el aparato de la Aerolínea Malaya desaparecido.

      La búsqueda del vuelo 370 desaparecido el 8 de mayo durante un trayecto entre Kuala Lumpur y Beijing debe sortear todo tipo de complicaciones, desde la enormidad de la zona donde hay que buscar hasta su distancia de tierra firme y un clima inclemente. Aviones y barcos que participan en la búsqueda están equipados con todo tipo de instrumentos de alta tecnología, pero la mejor herramienta bien podría ser el ojo humano.

      Esos ojos pueden divisar cosas que pasan inadvertidas a los equipos. Pero están sujetos a las peculiaridades del cerebro humano. La fatiga, un pestañeo en el momento equivocado y otros factores pueden generar impresiones equivocadas o hacer que no vean algo.

      “Es un trabajo increíblemente agotador”, expresó el teniente Stephen Graham, coordinador táctico de la tripulación a bordo del P-3 Orion de la Real Fuerza Aérea de Nueva Zelanda que ha hecho seis vuelos de reconocimiento en el sur del Océano Indico. “Hay mucho sol y luminosidad. Los anteojos para sol ayudan, pero no tanto”.

      Divisar objetos visualmente no es sencillo y hace falta entrenamiento. Los tripulantes tienen que saber lo que hacen, porque el equipo de que disponen a veces falla.

      “Tenemos muchos sensores muy avanzados y son muy útiles, pero en este tipo de misiones, cuando uno no está seguro de lo que hay delante, la vista es la mejor herramienta”, señaló Graham en su base cerca de Perth.

      En el P-3 Orion los observadores se instalan en unas especies de cabinas con forma de burbuja que sobresalen del aparato y les permiten ver lo que hay debajo.

      Hay dos observadores de cada lado del avión. Apoyan sus brazos en unas barandas acolchonadas y tienen siempre a mano binoculares.

      Es fundamental que tengan buena visión, si es necesario con la ayuda de lentes, porque cualquier detalle puede ser clave. Con cierta frecuencia se les para el corazón al divisar objetos anaranjados –el color preferido de muchas partes de los aviones porque es más fácil divisarlo en caso de un accidente– hasta que se comprueba que son simplemente algas marinas.

      Se les enseña a mover constantemente los ojos, en forma de X o de arriba hacia abajo, para mantenerse alertas, según Ron Bishop, quien alguna vez entrenó observadores de la fuerza aérea estadounidense.

      La monotonía del mar puede hacerles malas jugadas a los observadores.

      “Cuando te concentras en un solo sitio, te olvidas de todo y puedes perderte cosas a su alrededor”, dijo Graham. “Por eso nos enseñan a no enfocarnos en un mismo punto”.

      Los observadores hacen turnos de media hora, aunque pueden estar apostados una hora. Pero no más, porque la fatiga es el peor enemigo de estos especialistas.

      Las posibilidades de descansar, no obstante, son escasas. Cuando alguien termina un turno, generalmente debe abocarse a otras tareas.

      El mal tiempo complica las cosas. Cuando hay calma, es fácil divisar cualquier cosa fuera de lo común. Pero cuando hay viendo y olas altas, es muy difícil hacerlo. Lo más frustrante es cuando uno no está seguro de si vio algo relevante y no tiene tiempo de verificarlo por la velocidad del avión.

      Todos estos factores hacen que la búsqueda del avión malayo resulte una pesadilla logística. Con frecuencia un avión que trata de observar más de cerca algo que vieron otros no encuentra ese objeto.

      “Hay relatos (de otras búsquedas) en las que se trata de ubicar a alguien en una balsa salvavidas, algo bastante grande y con colores muy visibles, y hay que pasar seis o siete veces por el lugar para detectarlo”, dijo Graham.

      Es un trabajo aburrido, pero los observadores sienten una gran emoción cuando creen haber divisado algo.

      “La posibilidad de hallar algo es lo que hace más llevadero misiones que pueden resultar muy, muy largas y aburridas”, admitió Graham. “¿Lo que buscamos estará detrás de la próxima ola?”.- ( Por KRISTEN GELINEAU y ROB GRIFFITH)

      ___      Gelineau informó desde Sydney. El corresponsal de AP Rod McGuirk colaboró en este despacho desde Canberra, Australia. 

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