Tortura, común en América

Los tratos crueles son habituales en las policías, dicen

WASHINGTON (EFE).- El relator especial de la ONU para la tortura y otros tratos y penas crueles, inhumanos y degradantes, el argentino Juan Méndez, denuncia que en América Latina “los delitos se investigan torturando a los acusados”.

Lamenta que, pese a que se han endurecido las legislaciones sobre la tortura y se han aplicado sanciones, los tratos crueles están generalizados y la mayoría de las veces quedan impunes.

“La tortura como la conocimos en las épocas de las dictaduras militares, dirigida al enemigo político, con un altísimo grado de violencia y sadismo y con mucha impunidad, ya no ocurre en América Latina”, explica.

“Ese ya no es el caso, pero el modo ordinario de las policías de investigar delitos mantiene un residuo de brutalidad muy grande. Los delitos se investigan torturando a los acusados. Son torturas más acotadas en el tiempo y con métodos tal vez menos brutales, aunque de todas maneras inaceptables”, prosigue.

El relator menciona el uso excesivo de la fuerza para reprimir manifestaciones, visto en Venezuela o el trato degradante y cruel por el hacinamiento que se da en las cárceles de Honduras y Brasil como ejemplos de tratos inhumanos.

“Cada país es distinto y cada país tiene un fenómeno de trato cruel e inhumano distinto del otro”, añade.

“Pero ocurre prácticamente en todos los países de América Latina hoy, en unos más que en otros y en algunas regiones de países más que en otras también”.

Para Méndez, esos casos de tortura son rémoras de las dictaduras militares del siglo pasado, que no se atajaron después y se convirtieron en una “enfermedad de la democracia”.

“Nuestras policías actúan con mucha impunidad porque están acostumbradas a ello. Fueron instrumentalizadas por los ejércitos cuando tomaron el poder, que no solamente protegieron a las policías de cualquier investigación sino que les ordenaron torturar y les garantizaron la impunidad”, declara.

“Como no ha habido un esfuerzo serio en las democracias incipientes de reformar la policía, en parte por el marco político en el que se da esta discusión sobre la seguridad, la policía siente que si tuvo impunidad con los militares la sigue teniendo con las democracias”, abunda.

Reconoce que los estados latinoamericanos han modificado su legislación para hacer la tortura punible como delito muy grave, pero tiene que ser complementado.

“Todavía hoy los fiscales y los jueces de América Latina no se toman en serio el delito de la tortura, hay una especie de costumbre de que a la policía hay que dejarla actuar, porque dependemos de ella para otras funciones, y mejor mirar para otro lado aún cuando sabemos que ha transgredido la línea y ha torturado”, apunta.

Una de las razones que da para explicar la perpetuación de la tortura es la sensación de inseguridad ciudadana, a su juicio promovida por los políticos: Es fácil hacerse elegir predicando mano dura.

Otra razón son los medios de comunicación que, añade, “bombardean” a la población con noticias de ese tipo.

El relator de la ONU denuncia que en las grandes ciudades de América Latina la tasa de homicidios, único dato de criminalidad fehaciente, es tan baja como en las capitales de Europa “y, sin embargo, la gente cree que está en la ley de la selva”.

“Si no tenemos de nuestro lado una fuerte tendencia de la opinión pública a no tolerar la tortura será muy difícil que podamos eliminarla”, pronostica.

Las democracias tienen razones prácticas, además de morales y jurídicas, para combatir la tortura, apunta.

“Si quieren ser eficaces en la lucha contra el crimen, lo peor que se puede hacer es permitir la tortura, porque hace que tengamos cuerpos policiales en los que no confiamos. Les tememos, pero no les confiamos y, por tanto, no colaboramos con ellos”, asegura el relator especial de la ONU.

ONU | Investigación

Otras declaraciones de Juan Méndez, relator especial de la ONU para la tortura:

Sin seriedad

“Todavía hoy los fiscales y los jueces de América Latina no se toman en serio el delito de la tortura”.

“Costumbre”

“Hay una especie de costumbre de que a la policía hay que dejarla actuar, porque dependemos de ella para otras funciones, y mejor mirar para otro lado”, añade.




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