Santos abre su Gobierno a todos los partidos en la búsqueda de la paz

BOGOTÁ(EFE).- El reelegido presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, presentó hoy las claves del que será su segundo periodo de Gobierno- una plataforma abierta a todas las fuerzas políticas para trabajar “con más intensidad” en los procesos de paz con las guerrillas.

Si bien este propósito no es nuevo, puesto que el jefe de Estado lo ha anunciado durante toda la campaña, el planteamiento cobra fuerza porque, una vez reelegido, debe empezar a formar Gobierno y responder al gran apoyo electoral de la izquierda en un país polarizado con el uribismo.

En la primera rueda de prensa tras su triunfo electoral, Santos respetó que los partidos de izquierda que le apoyaron con el pretexto de la paz decidan quedarse en la oposición, pero les dijo que “si mañana quisieran entrar al Gobierno, aquí también hay puertas abiertas”.

Y es que tras perder en la primera vuelta del 25 de mayo ante el candidato uribista del Centro Democrático, Óscar Iván Zuluaga, Santos cosechó la adhesión de fuerzas políticas opuestas a su ideología que le ayudaron a alcanzar la victoria en la segunda ronda del pasado domingo con un 50,95 % de los votos frente al 45,00 % de los de su rival.

Santos hizo extensiva la invitación alrededor de la paz a “todos los colombianos, no importa de qué partido político sean”, incluidos Zuluaga y su gran opositor, el expresidente y senador electo Álvaro Uribe, quien acusó al mandatario de compra de votos.

Pero después de cuatro años de continuos enfrentamientos verbales y una de las campañas más sucias que se recuerdan en Colombia, Santos evitó pelear con el expresidente y se limitó a decir un escueto- “Por supuesto, Uribe, que se sume a la paz”.

De hecho, retomó el mensaje de reconciliación del discurso de victoria del domingo, cuando dijo no tener enemigos ni guardar rencor, al dejar claro que al concluir la jornada electoral del domingo, Colombia pasó “la página del odio”.

Y por eso, el presidente interpretó el apoyo de más de siete millones de colombianos como un mandato que le obliga a “meterle alma, vida y sombrero” al diálogo abierto con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en La Habana en 2012 y a las conversaciones exploratorias con el Ejército de Liberación Nacional (ELN).

El presidente había anticipado también en su discurso triunfal que su nuevo mandato estaría plagado de “profundas reformas” y, entre ellas, mencionó hoy la eliminación de la reelección, de la cual paradójicamente se acaba de beneficiar en las urnas.

La idea es eliminar esta figura, que irrumpió en la política colombiana a través de una reforma constitucional para favorecer precisamente la reelección de Uribe en 2006 y, a cambio, ampliar el periodo presidencial de cuatro a “cinco o seis años”, en función de lo que se decida en el Congreso.

Las elecciones parlamentarias de marzo pasado dibujaron un mapa en el que la coalición del Gobierno de Santos, la Unidad Nacional, tiene la mayoría con 47 senadores y 91 representantes a la Cámara, frente a los 20 senadores y 12 representantes del uribista Centro Democrático, que es la principal fuerza opositora.

El presidente reelegido ya había mencionado esta posibilidad durante su primer Gobierno, cuando dijo que preferiría gobernar dos años más antes que ser reelegido, pero con la paz a medio camino decidió buscar un segundo periodo.

Santos ha llegado a calificar la paz como su “obsesión” pero es que, a su juicio, es la llave que abre el país a la justicia social y al desarrollo y que tiene, además, implicaciones geopolíticas.

Los demás líderes latinoamericanos, reconoció, apoyan esta iniciativa y por eso aspira a mantener estrechas relaciones con los vecinos y también con Estados Unidos, cuyas estratégicas relaciones pueden modificarse a partir de una eventual paz negociada.

“Si logramos concretar este proceso de paz se habría dado todo el ciclo, terminando con el fortalecimiento de la democracia, sería el broche de oro” del Plan Colombia, dijo sobre el programa de cooperación con Estados Unidos implementado en 2002 para acabar con el narcotráfico y las guerrillas por la vía militar.

Abandonar la persecución de los grupos armados ilegales abriría una puerta a la financiación del postconflicto, como ya ha empezado a suceder, según dijo el presidente reelegido, quien a partir de mañana recibirá en Bogotá al vicepresidente estadounidense, Joseph Biden, para revisar, entre otros asuntos, los alcances del programa. EFE




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