Evangélicos ayudan a drogadictos en Río de Janeiro

Predicadores evangélicos salen a las calles de Río de Janeiro a trabajar cuando anochece; Se internan en el sombrío mundo de los adictos al crack.- (AP Photo/Felipe Dana)

Predicadores evangélicos salen a las calles de Río de Janeiro a trabajar cuando anochece; Se internan en el sombrío mundo de los adictos al crack.- (AP Photo/Felipe Dana)

RÍO DE JANEIRO, Brasil.   (AP) _ Vestidos impecablemente, predicadores evangélicos salen a la calle a trabajar cuando anochece. Se internan en el sombrío mundo de los adictos al crack, en sitios al aire libre que difícilmente lleguen a ver los turistas que invadirán Río de Janeiro con motivo de la Copa Mundial de fútbol.

      Pasada la medianoche, cientos de adictos mugrientos se congregan en las aceras de la favela Jacarezinho. Lo único que les interesa es conseguir crack y un encendedor para la pipa.

      Rifle en mano, policías observan desde las esquinas cómo los predicadores tratan de ayudar a los adictos.

      Algunos de ellos conocen bien el problema. No hace mucho, ellos también eran adictos.

      Pero ahora vienen a predicar el Evangelio, no a aspirar el humo tóxico de una pipa. Le hablan de Dios a quienes quieren escucharlos, en la esperanza de convertir a algunos y rescatar sus almas de la epidemia de crack que azota a Brasil desde hace algunos años.

      Celio Ricardo, líder de los predicadores callejeros, ha tenido algunos éxitos y algunos fracasos.

      Le ofrece a los adictos refugio un barrio vecino, en un edificio sencillo que se encuentra pegado a su humilde iglesia evangélica Amor de Dios. Sale adelante con donaciones y aportes de supermercados de la zona que entregan comida para alimentar a los adictos.

      Allí, muchachos jóvenes duermen uno al lado del otro, en camas de madera. De las vigas del techo cuelgan sábanas limpias y hay unos armarios desvencijados donde los visitantes pueden colocar sus escasas pertenencias.

      Un día reciente, 25 jóvenes formaron un círculo afuera del refugio, levantaron sus brazos hacia el cielo y dijeron a viva voz: íGloria a Dios! íGloria a Dios!”.

       Ricardo dice que el primer reto es atender las necesidades físicas de los adictos, para después poder ocuparse de sus problemas espirituales.

      “Al principio deben descansar porque esta droga los deja alucinados”, explica. “No quieren comer y pierden el deseo de vivir. Quieren drogarse hasta morir y aquí tratamos de revertir esa situación”.

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