Universitarios proactivos

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El voluntariado social mexicano cruza fronteras

Un grupo de 67 estudiantes mexicanos de la Universidad de Anáhuac cruzó la frontera del voluntariado social, ayudando a un poblado de desplazados sin recursos de Kenia

KENIA (EFE).- Un grupo de universitarios de México atravesó la frontera del voluntariado social de su país para afrontar un particular “examen final” en un poblado de desplazados de Kenia, donde construyeron viviendas, sanaron a sus habitantes y guiaron a los profesores para mejorar la educación.

Los estudiantes de la Universidad Anáhuac abrieron así una vía de cooperación internacional con África amparada por la Embajada de México, un campo casi inexplorado por un país que acota la mayoría de los proyectos de voluntariado a sus propios ciudadanos, que sufren verdaderas carencias en algunas zonas.

“Se nos ha criticado por intentar ayudar fuera de México. En nuestro país hay demasiada gente necesitada, pero entendemos que hay que mirar más allá”, indica Marco Antonio Pérez, motor principal de las pequeñas aventuras de cooperación internacional emprendidas por esta universidad.

También lo reconocen desde la propia Embajada, “Entre México y África siempre ha habido una relación distante, es hora de que las cosas comiencen a cambiar y estos pequeños pasos son un buen comienzo”, apunta Diego Brosco, encargado de comunicaciones de la oficina diplomática en Nairobi.

Lo que el ámbito de las relaciones internacionales contempla como una mínima contribución, para otros constituye la experiencia más extrema y gratificante de sus vidas.Así es para los 67 estudiantes que viajaron este mes hasta Lemolo, un poblado keniano de desplazados que subsiste apenas sin recursos, donde los niños beben a escondidas el agua que se utiliza para mezclar el cemento y limpiar los restos de las obras.

En un plazo de 20 días, los voluntarios construyeron un gran salón que podrá emplearse como aula o como dispensario médico, prestaron atención médica a 500 personas y alimentaron a más de 600.

“Habíamos hecho voluntariado en nuestro país, pero buscábamos más. Estuvimos en Haití, después en China (limpiando la muralla con cepillos de dientes), luego en Perú y ahora en Kenia, que ha sido como un gran examen final por las condiciones de vida que hay aquí”, cuenta Arturo Hernández.

Este estudiante de Ingeniería Civil reconoce que es la experiencia “más difícil y gratificante”, aunque también sorprendente, porque, al igual que el resto, descubrió las numerosas similitudes que hay entre México y el país africano.

La base alimenticia es la misma, maíz y frijoles, y las viviendas de las zonas rurales son muy parecidas, así como el carácter cercano y cálido de su gente, resume Marco Antonio.Los voluntarios construyeron letrinas, cavaron zanjas para colocar tuberías, practicaron pruebas de detección del VIH, impartieron clases de educación primaria y secundaria y dieron pautas a los profesores para mejorar sus métodos de enseñanza.

“Me impactó la violencia, a veces física, con la que reñían a sus alumnos, o cómo prestaban atención únicamente a un grupo de niños destacados, cosa que sucede también en países desarrollados, ignorando al resto de la clase”, detalla Alexis Martínez, otro de los voluntarios incluido en el proyecto.

Con paciencia trataron de corregir estas formas, y su perseverancia obtuvo resultados. “El progreso en alumnos y profesores ha sido notable”, expresa Martínez, quien confía en que las buenas formas que adquirieron los docentes sobrevivan a su inevitable marcha.

También dejan otro legado, técnicas aztecas milenarias como la “nixtamalización”, el proceso de cocción de maíz con un poco de cal que mejora el aporte nutritivo del cereal y elimina sus toxinas.

Muchos de los estudiantes ya piensan en regresar “antes de un año” para poner en marcha otros proyectos y mantener viva esta vía de colaboración entre México y Kenia.La experiencia concluye con una notable ganancia de riqueza emocional para los voluntarios y un agradecido poblado de ciudadanos a los que la política dejó sin hogares, obligándolos a vivir aislados.

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Experiencia

Lo que el ámbito de las relaciones internacionales considera como una mínima contribución a un determinado sector o población, para estos estudiantes constituye la experiencia más gratificante y extremas de sus vidas.

Colaboración

Muchos de los estudiantes de esta universidad ya piensan en regresar “antes de un año” para poner en marcha otros proyectos y mantener viva esta vía de colaboración entre México y Kenia.




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