Sabahi, el combativo izquierdista que no teme a Al Sisi

 

Marina Villén

EL CAIRO (EFE).- Curtido durante más de tres décadas en la oposición, el izquierdista Hamdin Sabahi es un político veterano y carismático que aspira de nuevo a la Presidencia de Egipto, erigiéndose como el candidato del pueblo y de la revolución.

Tras ser la revelación en los comicios de 2012 con el tercer puesto y un 20% de los votos, regresa hoy al primer plano de la política egipcia en unas presidenciales muy distintas, en las que su único rival es el popular exjefe del Ejército Abdelfatah al Sisi.

Sabahi se muestra cercano y es un excelente orador, de tono seguro y apasionado, fruto de su formación periodística y sus años de lucha política, que le han llevado en diecisiete ocasiones a la cárcel.

Como buen zorro político, ha sabido sobrevivir a años de convulsión en el país partiendo siempre de cero, y no duda en usar un mensaje populista y mezclarse con la gente para ganarse a los jóvenes y las clases humildes.

El “candidato de la calle” o “el candidato de los pobres” es una de las etiquetas utilizada por sus seguidores. Su lema “Uno de los nuestros” hace clara referencia a su interés por presentarse como un ciudadano más.

Según explicó a Efe su sobrino y miembro de la campaña, Mohamed Qandil, Sabahi lleva una vida “muy sencilla”, no tiene personal de servicio en casa, solo dispone de un coche y pagó hipoteca durante veinte años.

El político naserista, azote de Anuar al Sadat y Hosni Mubarak, concurre a las presidenciales de hoy y mañana con un programa contra la pobreza y a favor de las libertades similar al de hace dos años, aunque esta vez centrado también en la lucha antiterrorista.

Nacido en 1954 en el pequeño pueblo costero de Baltim, en la provincia de Kafr el Sheij, se ha posicionado siempre en defensa de los derechos de los trabajadores y de un reparto equitativo de la riqueza, siguiendo el modelo de su ídolo Gamal Abdel Naser.

Por sus ideas fue encarcelado tanto durante el régimen de Sadat como el de Mubarak, acusado de instigar y participar en protestas de agricultores y obreros -como las de Mahala al Kubra en 2008-, o contra Israel o la guerra de Irak.

Sabahi comenzó su activismo político mientras estudiaba periodismo en la Universidad de El Cairo, y tras pasar por varios partidos de corte naserista fundó en 1996 Karama (Dignidad), que no logró legalizar hasta después de la caída de Mubarak en 2011.

Durante el régimen del “rais”, se presentó como independiente a los comicios legislativos de 2000 y 2005, en los que se hizo con un escaño en el Parlamento pese a no contar con el respaldo de los aparatos del Estado.

Cuando el 25 de enero de 2011 miles de personas se echaron a la calle para pedir la renuncia del dictador, Sabahi se unió a las marchas y fue uno de los nombres que barajaron los revolucionarios al plantear la formación de un gobierno de salvación nacional.

El izquierdista, que fundó en septiembre de 2012 la Corriente Popular, fue muy crítico durante la transición con la cúpula castrense que gobernó el país y posteriormente con el presidente islamista Mohamed Mursi.

Este hijo de campesinos mantiene costumbres de “ciudadano de a pie”, con predilección por comidas tradicionales egipcias como el ‘ful’ y la ‘tamiya’, un puré y una especie de croquetas de habas.

Como buen egipcio, es amante también del té y de la popular cantante Um Kulzum, mientras que en fútbol -pasión nacional declarada- se decanta por el equipo cairota Zamalek y por el Real Madrid.

Casado y con dos hijos, su familia respalda plenamente su candidatura y se mantiene activa tanto en la redes sociales como acompañándole en los mítines de la campaña.

Aunque sus posibilidades parecen escasas, Sabahi intenta jugar de nuevo sus bazas desvinculándose del antiguo régimen y de los Hermanos Musulmanes, ahora perseguidos y declarados terroristas.

Sabahi emerge como única opción para lograr una reconciliación en Egipto. Pese a que rechaza a la cofradía como partido y promete mano dura contra el terrorismo, su contrincante en los comicios es el protagonista del golpe militar contra Mursi.

No han faltado críticas contra su decisión de concurrir a la Presidencia. “Candidato de los Hermanos” o “marioneta del Estado para legitimar las elecciones” son términos usados por sus detractores.

El naserista se defiende de estas acusaciones- “Mi candidatura es un deber nacional, porque un pueblo que hizo dos grandes revoluciones sin llegar al poder a través de las plazas, tiene que acceder ahora mediante las urnas”, aseguró en una reciente entrevista con Efe.




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