Visita dominical al Gran Museo del Mundo Maya

 

Visita dominical al Gran Museo del Mundo Maya.- Foto de Hánsel Vargas Aguilar

Visita dominical al Gran Museo del Mundo Maya.- Foto de Hánsel Vargas Aguilar

Parte de las familias meridanas incorporaron a sus opciones de paseos dominicales una visita al Gran Museo del Mundo Maya, el cual ya registra buen número de paseantes en ese día.

El carácter familiar de esos recorridos se descubre por la cantidad de niños de varias edades que recorre las dos salas que forman las dos únicas exhibiciones que tiene por ahora ese moderno recinto, en el cual todavía se trabaja para tener listas todas las instalaciones, entre ellas la pantalla imax (como la de los cines) anunciada como uno de los grandes atractivos de ese sitio.

El domingo pasado la mayor concentración de gente local en ese museo se observó durante la mañana y el mediodía. En ese día el visitante yucateco sólo paga el estacionamiento ($20) pues el boleto de entrada es gratis los fines de semana para la gente local, y esta puede permanecer ahí hasta las cinco de la tarde, hora de cierre del acervo.

El  museo ya tiene un restaurante de comida típica en la planta baja, es una sucursal de un establecimiento que ofrece el mismo  servicio en el parador turístico de Chichén Itzá. Los precios impiden que los platillos estén al alcance de todos los que visitan ese museo. En la planta alta ya funciona también una tienda de refrescos y dulces.

Según se observó, lo que más llama la atención de los visitantes son los elementos tecnológicos utilizados para complementar las exposiciones. Hay varias proyecciones con explicaciones sobre el meteorito que impactó enla Penínsulahace 65 millones de años, la vida típica de los mayas, el sistema numérico y aspectos etnológicos de esa civilización. El vídeo sobre el armagedón que acabó con los dinosaurios fue realizado con apoyo del astrónomo yucateco Arcadio Poveda Ricalde, y se proyecta en una pequeña sala cóncava que semeja la concha de una de las criaturas desaparecidas en ese acontecimiento. La calidad de la imagen es pobre, quizá porque el sitio de proyección no está a oscuras.

También abundan las computadoras con pantallas sensibles al tacto. Buena parte de ellas están enfocadas principalmente a los niños –están a la altura de los pequeños- para promover su interés y satisfacer su tendencia a tocar los objetos, lo cual es un dolor de cabeza para los vigilantes del lugar, en particular en la sección donde se muestran las valiosas piezas que fueron retiradas del Palacio Cantón, sede del Museo Regional de Antropología, para ser trasladadas al nuevo recinto del norte de la ciudad. Los niños también son los que más abren los cajones que hay en varias vidrieras y que contienen elementos complementarios de lo que se expone en ellas.

Otro atractivo tecnológico son las aberturas en el piso con tapa de material transparente que permite caminar sobre ellas y ver el interior (mapas, esqueletos, maquetas…) iluminado con luces especiales. Nuevamente, los niños son los que se lanzan sobre ellas y así revelan a los adultos que se puede andar encima en vez de evadirlas con pasitos en los espacios que dejan libres en el suelo.

Parte de las exhibiciones dan la impresión de ser “rellenos” para no dejar vitrinas y espacios vacíos ante la falta de elementos auténticos para mostrar al público. En este caso están diminutas piñatas y objetos de trapo colocados en un anaquel.

El recorrido comienza en la sala destinada a exhibiciones temporales. Ahí hay una exposición enfocada al meteorito cuya cráter está en Chicxulub. Buena parte del acervo es sobre las especies que desaparecieron en esa hecatombe. Después se ingresa a la sala de exhibición permanente, destinada al pueblo maya y en donde se puede ver los monolitos, esculturas, objetos de barro y otras valiosas piezas tomadas del Palacio Cantón.

La salida es por medio de una amplia terraza donde se exponen fotografías sobre edificios prehispánicos. Las imágenes muestran cómo se hallaban esas construcciones antes de su restauración, y cómo luce en su estado actual. Se observó que, en general, el público sale gratamente impresionado de esa visita de ese museo, el cual ganó el premio del Consejo Iberoamericano de Diseñadores de Interiores, en la categoría de cultura.  

La visita dominical permite además formarse una opinión personal sobre la justificación de la inversión en ese edificio, que es de $770 millones que se pagarán en 24 años. Las cifras exactas al respecto, y el contrato de esa obra, son un misterio, el gobierno no las difunde argumentando que aceptó una cláusula con los constructores que le impiden difundir ese dato.

Las fotos que acompañan esta nota fueron tomadas con teléfono celular. No hay restricciones para usar cámaras fotográficas, excepto la de evitar el flash.- Hánsel Vargas Aguilar.

 


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