Un repaso a los apócrifos

Los "Evangelios apócrifos", edición de Humanitas de 2003

Estas fiestas decembrinas me han acercado de nueva cuenta a los llamados “Evangelios apócrifos”.

No para entender la razón de su exclusión del canon aceptado por las iglesias históricas cristianas, sino porque me han permitido asomarme a episodios poco conocidos del personaje más famoso de todos los tiempos.

A su niñez, por ejemplo, que sigue siendo un misterio para muchos de sus seguidores. En esos Evangelios el Niño Jesús amasa con el barro del suelo una paloma como tantos otros niños pero, a diferencia de todos, puede lanzarla al aire y hacerla volar. Claro, también su cólera y su sabiduría son diferentes a la de cualquier otro niño, según refieren esos libros.

Los “Evangelios apócrifos” que actualmente pueden conseguirse en variadas ediciones fueron excluidos de las Escrituras por razones que no vienen al caso comentar aquí. Baste saber que son textos escritos desde una misma fe, similar a la que incorporó los nombres de Melchor, Gaspar y Baltazar que no aparecen en la Biblia, pero que abordan algunos de los misterios en la vida de Cristo.

Por ejemplo, sobre el qué hizo entre los 12 y los 30 años, por qué le fue concedida a María Magdalena la revelación de la resurrección del hijo del hombre -el hecho más importante de su misión en la Tierra- o el descenso a los infiernos.




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