Su vida, ejemplo de esperanza

El cardenal Van Thuan se enfila hacia los altares

ROMA (Zenit).- El Siervo de Dios cardenal Francois Xavier Nguyen Van Thuan fue un hombre que, a pesar de haber tenido una vida llena de sufrimiento, logró servir al Señor correctamente.

En entrevista con la agencia Zenit, el doctor Waldery Hilgeman, postulador en Roma de la causa de beatificación del prelado vietnamita, ofrece una aproximación al cardenal, que falleció el 16 de septiembre de 2002.

De todo lo que viene estudiando del cardenal Van Thuan, ¿qué le ha llamado más la atención?

Es un personaje muy complejo en la medida en que toda su vida ha sido como gotas continuas de Evangelio, una lluvia incesante de santidad, esto desde el principio. Algo que me toca en su espiritualidad es la constancia del amor al prójimo. Porque él estuvo encarcelado y en este encarcelamiento no ha dejado de amar a aquéllos que eran sus perseguidores, desde los funcionarios más altos del régimen hasta el guardia del más bajo rango. Este amor de Cristo total, desinteresado, incluso hacia el enemigo, nos toca muy fuerte hoy en el contexto social en que vivimos de tanto egoísmo.

¿De qué fue acusado específicamente?

Fue un prisionero injusto, en el sentido de que nunca hubo una acusación real, así como un proceso y menos aún una sentencia. Por lo tanto, poder decirle de qué fue acusado es una gran interrogante incluso para nosotros.

Usted que lee los escritos del cardenal en la cárcel, ¿cuál era su espíritu, su reflexión como prisionero?

La reflexión que lo tocó desde el primer momento de su encarcelamiento, que duró trece años, fue que Dios le pedía que le diera todo, dejar todo y vivir para Dios.

Debe haber leído muchas anécdotas e historias de testigos durante este período en cárcel, ¿no?

La anécdota más bella es la conversión de uno de sus guardianes. No olvidemos que varios de estos guardias, encargados de cuidar al prisionero, al final se convirtieron. El cardenal Van Thuan, con el amor total hacia estas personas, ha demostrado lo que es el amor de Cristo; sin poder predicar, sin poder hablar directamente de Cristo con estas personas, con su ejemplo de Cristo encarnado logró convertirlos, lo que se vuelve un aspecto peculiar.

¿Para el proceso en curso, la Iglesia ha podido tener algún contacto con estos guardias, recoger sus testimonios?

El contexto político es muy difícil para tener contacto con estas personas. Ciertamente no han sido interrogadas en el proceso, pero quizás de un modo extraordinario logremos incluir sus testimonios en las actas, sobre lo cual se pueda construir la vida y las virtudes del siervo.

Después de su traslado a Roma, ¿en qué se centra su aporte principal a la Iglesia universal, por ejemplo como jefe de un dicasterio vaticano?

En realidad, parece que Dios hubiese querido desde el comienzo preparar al cardenal Van Thuan a su ministerio ante la Curia romana y al servicio del Papa y de toda la Iglesia universal. Esto lo digo porque ya de joven se había empeñado mucho acerca del laicado y en la implicación de los laicos en el tejido social vietnamita. Basta pensar que en poquísimos años logró duplicar las vocaciones sin esperar a tener sacerdotes, porque él lo hizo apuntando hacia buenos laicos al servicio de la Iglesia que pudieran ser llamados por Cristo.

¿Trabajó también en el dicasterio de los laicos, no?

Él luchó por aquello que era el papel de los laicos en su país, porque justificaba la presencia de los laicos como testigos directos de Cristo en la política, la vida social, en el trabajo, en todas partes. No por casualidad fue uno de los primeros llamados al Consejo Pontificio para los Laicos, que aún era una institución que estaba montándose. No obstante que estaba al otro lado del mundo, la Santa Sede ya desde los primeros tiempos tenía el ojo en el potencial de este hombre.

Y luego Justicia y Paz.

Se puede decir que con su llegada a Roma los hechos se han traducido, porque el rol del Consejo Pontificio Justicia y Paz es de extrema sensibilidad, ya que dedica atención a la economía, a la justicia, al hambre en el mundo, a la paz, a la solidaridad y así sucesivamente; engloba toda la doctrina social de la Iglesia. Así, un obispo que viene de un tejido social de pobreza extrema, como era Vietnam, y ha estado encarcelado, ha vivido en la piel la injusticia en el mundo por el simple hecho de ser cristiano. No hay duda de que Jesús lo había preparado muy bien para lo que fue su ministerio aquí en Roma.

¿Qué puede decirnos acerca del proceso de beatificación?

Somos afortunados de que este proceso se esté realizando en el Tribunal de la Diócesis de Roma, que sin duda tiene una gran experiencia.

Es una causa muy grande, que implica a fieles e inmigrantes que viven en todos los continentes. Sin duda que desde que el proceso se inició en la Diócesis de Roma en octubre de 2010 hasta hoy hemos dado pasos de gigante, escuchando a cerca de 130 testigos entre cardenales, obispos, sacerdotes, religiosas y laicos, a toda la realidad de la Iglesia. También se ha ido a Australia donde se ha entrevistado a numerosos testigos; a Estados Unidos, donde una proporción significativa de la población ha sido interrogada, y también inmigrantes vietnamitas han sido entrevistados. Hemos estado en Alemania, donde muchos fieles de los países vecinos han llegado hasta allí; hemos estado en Francia. Diría que estamos en una fase muy avanzada.

¿Se ha sabido de algún presunto milagro?

Hay varios. Como postulador, con el asesoramiento del Consejo Pontificio Justicia y Paz que promueve la causa, estamos estudiando con la ayuda de expertos médicos cuál podría ser el caso más idóneo para iniciar un proceso sobre un milagro, que después pudiera llevar al cardenal Van Thuan a ser santo.

¿Qué mensaje le puede enviar a tantos “devotos” del cardenal Van Thuan, que esperan tenerlo pronto en los altares?

En sus escritos y en sus libros él tiene un término al cual regresa siempre y aparece también en los testigos que llegan delante del Tribunal de Roma, y es éste: la esperanza, no perder la esperanza en Dios. Y podrá ser el “santo de la esperanza”.

Cardenal | Detalles

Sigue el estudio de milagros atribuidos a Francois Xavier Nguyen Van Thuan.

Vida

Hablar del cardenal es situarse ante una vida probada en el sufrimiento, la injusticia y las tres virtudes teologales: fe, esperanza y caridad. Le tocó pasar hambre, frío y el desprecio de un encarcelamiento injusto.

Una injusticia

El Siervo de Dios fue víctima de un sistema totalitario que lo detuvo sin acusarlo de algo en específico, sólo porque era “peligroso”. Pero tuvo fe en el plan de Dios, esperó contra toda esperanza junto a los suyos, y amó hasta el extremo a sus perseguidores, algunos de los cuales se convirtieron mientras lo cuidaban en su celda.

Fuente: Zenit


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