Sonríe aun en los momentos difíciles

Gaby Vargas (*)

Era época de exámenes en la universidad, así que Ed, un estudiante que estaba harto de ver a todos sus compañeros estresados, decidió hacer algo que los hiciera reír.

Salió a pasear por las instalaciones del campus con dos almohadas entre los brazos. Al ver a algún compañero con el entrecejo fruncido, en los pasillos, la cafetería, el baño, el salón de clases o el gimnasio, les arrojaba una de las almohadas para iniciar una lucha de almohadazos.

Sorprendido, el contrincante no tenía más remedio que responder al ataque para el beneplácito de los observadores y de él mismo. En verdad que al ver las escenas a través de YouTube, terminamos con una sonrisa igual a la de los compañeros de Ed, quien con esta pequeña acción logró su cometido de aligerar el estrés y ¡cuánto se le agradece!

Todos hemos tenido un año lleno de retos, de acontecimientos agradables y otros nada placenteros, ésa es la vida. Sin embargo, optar por la risa, de alguna manera, se vuelve una actividad espiritual que está por encima de todo lo temporal y trivial.

Se agradece mucho a las personas que por su gracia, por su ingenio, por su trabajo o porque gozan del don de hacernos reír, nos alivianan la vida. Debería haber un día internacional que los reconociera, porque ¡cuánta falta hacen en el mundo!

Observa que, con frecuencia, entre más presionados nos sentimos más nos aislamos, sin percatarnos de que en soledad nos volvemos más rígidos, más gruñones e irritables. Al volvernos inaccesibles nos arriesgamos a perder aquello que nos salva de morir de un infarto: el sentido del humor.

Te preguntarás cómo reír frente a las noticias que a diario escuchamos. Paradójicamente, es en los momentos difíciles cuando más necesitamos sonreír y mantener el espíritu en alto.

Cuando dejamos de tomarnos demasiado en serio los problemas y a nosotros mismos, las dificultades adquieren otra perspectiva, podemos observarnos a distancia y actuar creativamente y con energía para escoger el mejor camino o hacer los cambios que requerimos.

Podríamos decir que el buen humor es un asunto de conciencia, de actitud, de disposición, de apertura. Para mantenerlo es posible decidir de antemano ser felices, independientemente de lo que el día nos depare. Éste es el regalo más grande que le puedes dar al mundo. Entre más contento estás, mejor lo estará tu familia, tus amigos y tu entorno. Al estar alegres y abiertos a celebrar, incluso las tonterías, nos sentimos más enfocados, tenemos mayor actividad cerebral y nuestro potencial creativo se activa; estas herramientas nos ayudan en todos los ámbitos de la vida, hasta el grado de que pueden volverse una vía de crecimiento espiritual.

Es un hecho que, entre más contento estás, es más fácil que tus cualidades destaquen y que estés más presente y seas más empático. Lo curioso es que sucede al revés también, es un círculo virtuoso: entre más presente y atento te encuentras, más contento te sientes.

“El otro día me di cuenta de que escribo más veces ‘jajaja’ por el chat, que en lo que en realidad me río”, me comentó un joven; afirmación con la que los amigos que lo acompañaban estuvieron de acuerdo y se sintieron identificados. El asunto parecería irrelevante, mas no lo es. La risa es el alma de la alegría y la alegría es el alma de la felicidad. Lo curioso es que aunque la risa se expresa a través del cuerpo, no proviene del cuerpo. La podemos sentir como una emoción y apreciarla mentalmente, pero es mucho más que una emoción o un estado mental: es algo sagrado.Así que si un día un extraño te sorprende al arrojarte una almohada para iniciar una lucha, ríete, ábrete a la experiencia y agradécele la oportunidad de poner en práctica tu sentido del humor. —– www.gabyvargas.com

(*) Escritora




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