Se luce con la 9a. Sinfonía

Hoy se repetirá el concierto de la Orquesta Sinfónica

Sobre estas líneas, la Orquesta Sinfónica de Yucatán, acompañada de cuatro solistas, Marcela Chacón (soprano), Lidia Rendón (mezzo), Alan Pingaron (tenor) y Enrique Ángeles (barítono), y el coro filarmónico que dirige Luis Luna Guarneros, durante su actuación. A la izquierda, los solistas y el maestro Lomónaco agradecen la ovación

Alegría, hermosa llama de los Dioses,/ hija del Eliseo./ Entramos, oh celeste deidad,/ en tu templo ebrios de tu fuego/. Espléndida, solemne, de inolvidables acordes, la Novena Sinfonía “coral” de Beethoven descendió como un ensalmo para cubrir la integridad del quinto concierto de la XXI temporada de la Orquesta Sinfónica de Yucatán, anteanoche, en el teatro Peón Contreras.

Ven, canta, sueña cantando vive soñando el nuevo sol, en que los hombres volverán a ser hermanos.

Diez años

Y la melodía grandiosa, así como los versos radiantes de Schiller tuvieron una justificación: con este recital se celebró oficialmente el décimo aniversario de nuestra orquesta, el regocijo de una década consagrada a educar un gusto, fomentar un público y defender una conciencia colectiva en pro de la música de académico cuño.

El director titular, maestro Juan Carlos Lomónaco, convocó el gigantesco ímpetu y el heroico optimismo que transforman esta sinfonía en una pieza colosal en la cultura humana. Al frente de nuestra orquesta, con profesionalidad y afecto, consiguió navegar en este intenso río hasta desembocar en el poético torbellino que la voz humana inmortaliza.

El principio

Todo comenzó cuando el joven Ludwig leyó la Oda a la alegría del clásico alemán Federico Schiller. La adoración hacia el texto fue inmediata (1789) y rondó en la mente del artista durante décadas. No consideró suficientemente grandiosa la Fantasía para piano y coros como para ubicarla ahí, así que esperó…

Afortunadamente, el público de Viena, que consideraba al músico ya “decadente”, quedó boquiabierto con una extensa, sólida y humanísima pieza sinfónica que culminaba con los amados versos. Simples oyentes y críticos no tuvieron ni sombra de duda: aquella era una obra avasallante que no tendría ni un instante de rezago o algún tipo de menosprecio.

Magna obra

Con la feliz asociación de cuatro solistas, Marcela Chacón (soprano), Lidia Rendón (mezzo), Alan Pingaron (tenor) y Enrique Ángeles (barítono), y el coro filarmónico que dirige Luis Luna Guarneros, nuestra sinfónica, atenta a los signos del titular, apuntó otra magna obra en la creciente manga de su repertorio. Un respetuoso, esperanzado público ocupó todos los lugares disponibles del teatro Peón Contreras.

En el transcurso de su navegación en solitario, de acumulación de temas y sentido, durante los tres primeros movimientos, nuestra orquesta intentó llegar a las cercanías de ese proyecto cósmico que obligó al compositor a estructurar, con sólida unidad y lírica belleza, una antesala apropiada para la ebullición del movimiento final.

Primero dudoso y después expansivo, el desarrollo del Allegro vivace, cuyas fórmulas rítmicas mantienen una majestuosa atmósfera, otorgó al público la certeza de la corrección interpretativa, concepto que se afincó en el scherzo tan lleno de contrastes y anticipaciones, así como en la melancólica reflexión propia del adagio cantabile.

Oh, amigos. dejemos esos tonos. entonemos otros más agradables, más alegres.

Solistas, orquesta y coro, hermanados, nos condujeron al ámbito de la euforia romántica, el extenso, gigantesco Final, en donde la mejor música posible desemboca como un afluente en las aguas de la poesía plena de entusiasmo humanista. La rememoración de temas precedentes, el lento, agónico aparecer del motivo principal nos lleva a la eclosión de la voz humana, ofrenda de supremo arte.

Agradecidos

El prolongado aplauso del público, puesto de pie, fue signo indudable del beneplácito ante una correcta ejecución tanto de cantantes como de masa orquestal. El cronista, testigo del paulatino progreso de nuestra orquesta a través de una década, extiende, no sólo felicitaciones que son de rigor, sino el voto esperanzado de mayores logros.-




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