Se cierra un ciclo de vida profesional

Cesa el Auto Club Yucatán su labor de enseñanza

Auto Club Yucatán (A.C.Y.) baja la cortina. Durante nueve años organizamos desfiles de autos de exhibición; muestras automovilísticas; impartimos pláticas, cursos y talleres de educación vial; diseñamos pistas de aprendizaje vial en escuelas; colaboramos con la legislatura local próxima anterior en la confección del Reglamento de Tránsito vigente, y, divulgamos masivamente la seguridad en esta columna semanal y otras publicaciones impresas y electrónicas.

La siguiente generación (nuestros hijos) les toca seguir llevando la estafeta de la seguridad vial, porque mientras sea una pandemia imparable, como lo es, tendremos que seguir en la lucha. Y los que han sido afectados por un accidente vial de manera directa o indirecta, sabemos muy bien de lo que se trata.

Usted no está pa’ saberlo ni yo pa’ contarlo, pero he decidido dedicarme a cultivar otros intereses. Doy tremendo cambio de timón y me reinvento; ahora, como adulto mayor.Alguien dijo -y con razón según mi propia experiencia- que a partir de los 40 se empieza a paladear la vida, porque según esta tesis, en los primeros 20 años nos sobra el tiempo, nos falta dinero y somos inexpertos. En los siguientes 20, no tenemos tiempo para nada, pero empezamos a llenar el cochinito y ya nos está creciendo el colmillo., pero ya maduritos empezamos a tener más tiempo; ya logramos un patrimonio y la diadema de la experiencia (canas) habla por sí misma. A partir de los 60 se empieza a cerrar el círculo: Ya nos sobra tiempo, ya casi llenamos el cochinito ($) y somos la autoridad donde nos encontremos (experiencia); pero ¡oh sorpresa! Empieza la etapa del “pero si siempre he sido tan sano.” porque la carrocería ya nos empieza a rechinar, la pintura a desvanecerse y el motor a pasar aceite. Ni modo. Ahora, confieso, tengo que cuidarme como un auto de colección, es decir, dándome un mantenimiento muy escrupuloso, siempre bajo techo, no ingerir materiales tóxicos y -claro- sacarme a desempolvar de vez en cuando para seguir vigente.

Mi ciclo operativo como instructor de manejo ha llegado a su fin; ahora bien, si algún lector le interesa conocer mi metodología de enseñanza -que por las muestras de confianza que me han externado algunos padres de familia, y la ausencia de reclamaciones, sé que sirve- lo invito a contactarme a [email protected] Aunque a la vejez se les llama eufemísticamente “los años dorados”, la verdad, se trata de un período de franca decadencia, pero, en mi caso personal ¡Qué bajada!, como de montaña rusa de última generación, si se me permite el símil. En la mayoría de las montañas rusas del mundo, la última bajada, es de éxtasis y cuando finalmente llegamos al andén, nos bajamos atarantados pero emocionados de haber sobrevivido. La vida es similar, claro, si es que llegamos al andén final en buenas condiciones. Así me siento ahorita, a punto de experimentar esa última escalofriante e intensa última bajada de mi personal montaña rusa.Si usted querido lector quieren seguir leyéndome aquí, sugiero se lo hagan saber electrónicamente a esta publicación. ¡Au revoir!- Raúl Góngora Marín




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