Rinde grato homenaje al vals

La Sinfónica de Yucatán festeja su décimo aniversario

Panorámica del escenario en la que se aprecia la actuación de los músicos de la Orquesta Sinfónica de Yucatán (OSY) que anteanoche ofrecieron el primer programa de la XXI Temporada y que se repite hoy al mediodía. A la izquierda, su director, el maestro Juan Carlos Lomónaco

Experiencia sensorial muy específica. Los campos de Austria, los salones de Viena, el rumor de los danzantes de las cortes y las ferias. Todo un mundillo de vanas glorias que aún cabalga en la música de fines del siglo XIX se nos presentó -alegre y lozano- para integrar el concierto de apertura de la XXI temporada de la Orquesta Sinfónica de Yucatán, anteanoche, en el teatro Peón Contreras.

No una temporada más, no una cualquiera, sino de aniversario, del décimo año de la existencia de nuestra orquesta, era comprensible que comenzase con la remembranza de la más musical de las ciudades europeas, campo de actividad de Mozart, Haydn, Beethoven, Brahms, Mahler y tantos otros colosos. En el podio, el director titular, maestro Juan Carlos Lomónaco.

Dos nombres -Johan Strauss hijo y Franz von Suppe- cubrieron casi todo el programa con sus valses y oberturas. Ambos alimentaron el gusto de los súbditos del imperio austrohúngaro por las piezas danzables y de rítmico ardor.

A su lado, metió las narices un francés, Mauricio Ravel, para lucir su genio impresionista al capturar la esencia del vals en nuevas, delicadas armonías.

A Francesco Hermenegildo Suppe Camella, croata de nacimiento, no le fue bien en la tómbola de la supervivencia musical. De las 21 operetas que compuso no se escenifica ninguna en la actualidad. Ahora bien, a no dudarlo, cualquier orquesta sinfónica del mundo ha ejecutado alguna vez las oberturas de sus operetas “Poeta y campesino” y “Caballería ligera”.

Un tanto abogado y otro más administrador, Fransesco Hermenegildo se trasladó a Viena donde -oportuna y audazmente- germanizó su nombre para volverse Franz von Suppe y así consagrarse a componer la música que la alta sociedad exigía (y pagaba muy bien) por espacio de veinte años. Las dos oberturas que le sobreviven han sido utilizadas en películas, telenovelas, anuncios de casas en venta y perfumes. ¿Quién se lo hubiese dicho?

Nuestra orquesta abordó ambas oberturas con plena resolución de ofrecernos el torrente de alegría, entusiasmo y vigor que contienen. Reconocimos al Poeta en su temática de introspectivo esplendor, atenido a las cuerdas, y percibimos el danzable carácter del Campesino que se apoya más en los alientos para asegurar la impresión de lo popular.

“Caballería ligera” resultó marcial conducto hacia el carácter de aquella Viena imperial donde la Santa Alianza había trazado el mapa de la Europa moderna. Ímpetu militar, aunque asperjado con gotas de gracia notoriamente cortesana. El maestro Lomónaco extremó cuidados para que las versiones resultaran apropiadísimas.

El rey del vals. Así le decían a don Johan y estaba bien porque fue el máximo proveedor de las señoritas y los petimetres. ¿Cómo evadirlo en un recital dedicado al vals? Escuchamos -briosa lectura de nuestra orquesta- el enternecedor “Danubio azul” que atrae como imán tantos recuerdos en cualquier oyente que pase de los sesenta años.

Como Strauss compuso también operetas, de la más famosa, “El murciélago” (que nuestra orquesta ofreció en recital hace dos años) se dejó escuchar la famosa obertura con todos los elementos picarescos y decorativos que la vinculan a la pieza íntegra. Una vez más, don Juan Carlos, firme en el timón de mando, hizo lucir a sus muchachos.

Para finalizar, una pieza de las postrimerías de Mauricio Ravel, aquel señor huraño y de pocos amigos que amaba la soledad casi tanto como a Ricardo Viñes. Fue “La Valse”, homenaje de un francés a la ciudad de Viena, concebida inicialmente para ser bailada por los danzantes de Diaghilev, pero rechazada finalmente por razones políticas (Ravel causó un escándalo al rehusar la membresía a la Legión de Honor).

Contraste

En este caso, nuestra orquesta casi atinó en la facturación de ese contraste que se va lentamente definiendo entre los dos temas, el lírico evocador y el siniestro adiós a la bella época, la alegría plena de los salones y el preámbulo de una guerra que tanta amargura causara a don Mauricio ante la mortandad de varios conocidos. Bullir de contrarios armados en el alambique del impresionismo. Como obsequio, ante el diluvio de aplausos, nuestra orquesta ofreció la Marcha a Redensky, de Johan Strauss padre.

Para el próximo recital, una alegría muy grande: Cecilio Perera y su guitarra cada vez más elocuente.- Jorge H. Álvarez Rendón.

XXI Temporada | Más

“Entre valses y oberturas” fue el programa con el que la OSY abrió esta temporada.

Programa 2

El viernes 24 y domingo 26 se presenta “Festejando una década” con el guitarrista Cecilio Perera como solista invitado y la dirección de Juan Carlos Lomónaco.

Programa 3

El viernes 7 y domingo 9 se presenta “Aires de Bohemia”; director huésped, Gabriele Pezone, y fagot, Miguel Galván.




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