Votos perpetuos de siete misioneras de la Madre de Dios

La casa de las Misioneras de la Madre de Dios está de fiesta. Siete religiosas profesaron anteanoche sus votos perpetuos durante solemne misa que presidió el arzobispo, monseñor Emilio Carlos Berlie Belaunzarán.

Concelebraron con el prelado los presbíteros Jorge Óscar Herrera Vargas, Armín Rivero, Melchor Koyoc y Francisco Velázquez, quien viajó desde Ciudad del Carmen para esta ceremonia.
Durante la misa, monseñor Berlie expresó que existen cuatro bases especiales para llevar una vida digna y amorosa: “Si tenemos armonía, sabemos aceptarnos, tenemos la educación de compartir y agradecer lo que se nos da, y le tenemos consideración a la naturaleza, Dios estará feliz de nuestro paso por la tierra”, señaló.

También invitó a las misioneras a mantenerse firmes en esta “fórmula profesional”, y les indicó que “portar los hábitos religiosos no es un refugio, ni una opción para escapar de algo, sino una decisión de amor y sacrificio por el Creador”.
A la misa asistieron familiares y amistades de las religiosas, y fieles en general, para acompañarlas en la celebración del “matrimonio espiritual” con Dios, como dijo el prelado.

 

Raquel Georgina Poot Kantún, Gloria Isabel Citul Cauich, María Isabel Estrella Yupit, Hilda Medina Uc, Martha Concepción Huchim Chan, Lidia Chulim Moo y Graciela Esther Salas Solís, con monseñor Emilio Carlos Berlie Belaunzarán y los sacerdotes Francisco Velázquez Trejo, Jorge Herrera Vargas, Armín Rivero y José Melchor Koyoc

Las religiosas que profesaron los votos perpetuos son: María Isabel Estrella Yupit, de Tunkás; Lidia Chulim Moo e Hilda Medina Uc, de Ukún, Campeche; Martha Concepción Huchim Chan, de Ticul; Raquel Georgina Poot Kantún, de Hopelchén, Campeche; Gloria Isabel Citul Cauich, de San Francisco, Quintana Roo, y Graciela Esther Salas Solís, de Cacalchén.
Cada una recibió un anillo como símbolo de castidad, pobreza y obediencia; una Sagrada Biblia y un ejemplar de la constitución de su congregación.
Después de la ceremonia litúrgica se ofreció un refrigerio, durante el cual las religiosas departieron con los invitados.— Mayra Moreno



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