Viven la pasión de Jesucristo

Viven la pasión de Jesucristo

La amenaza de lluvia no fue un impedimento

A la vista de todos los asistentes, y con la pirámide maya de fondo, el vía crucis viviente de Acanceh reunió a cientos de creyentes y turistas en la representación de la crucifixión de Jesucristo

Bajo un cielo nublado y una ligera llovizna de apenas un minuto que cayó durante el trayecto, la tarde de ayer se llevó al cabo el tradicional vía crucis viviente de Acanceh que congregó a cientos de personas, incluyendo a algunos turistas nacionales.

La pasión y muerte de Jesucristo fue encabezada por Jaime Alberto Estrella Escalante, quien en años anteriores ya había personificado al Cristo por una promesa que le hizo a Dios.

Y vaya que pagó con creces, pues no sólo cargó una cruz de 95 kilogramos, sino que terminó con la espalda roja de tantos latigazos que recibió a lo largo del trayecto que fue captado por cientos de feligreses y curiosos, que incluso treparon a los techos.

Jaime forma parte del grupo apostólico Renacimiento que desde hace 33 años representa el vía crucis de Acanceh a un costado de la iglesia y de la pirámide, lo que para los organizadores a hecho del espectáculo el más visitado después del de Iztapalapa.

Ayer no fue la excepción, pues cientos de personas ocuparon los alrededores del parque para ser testigos de la pasión y muerte que comenzó a las 12 del día con la representación del juicio ante Herodes y Poncio Pilatos.

Pero el verdadero tormento comenzó cuando Jesús fue azotado y obligado a cargar el madero en el cual sería crucificado, momento que hizo pasar apuros a una mujer ante la pregunta de su hijo en brazos de por qué le pegaban a Jesús. “Es porque lo van a crucificar”, contestó la dama quien caminaba al mismo paso que los soldados que no paraban de gritarle: “¡Camina!” al compás de latigazos.

Y en medio de ese ambiente que a algunos parecía brutal y para otros demasiado actuado, sucedieron las demás estaciones: la primera caída, el encuentro con su madre y la ayuda del Cirineo, fue justo en ese momento que una llovizna de gotas flojas que se desvanecían antes de llegar al suelo, cayó. Ya antes, durante la liberación de Barrabás, había caído otra llovizna igual de ligera que hizo activar los paraguas de muchos asistentes, y el temor de otros que dudaron hacer el recorrido ante la amenaza de un fuerte aguacero.

Lo cierto es que las nubes apaciguaron el recorrido, pues contrario a años anteriores, en esta ocasión no hubo sol y calor, y tampoco fue necesario apaciguar el calor con bolis de frutas o botellas de agua purificada. Quienes no vieron afectado su negocio fueron los vendedores de sombrillas que en esta ocasión las anunciaban como paraguas y de algunos vecinos de las calles principales que aprovecharon la afluencia de personas para ofertar a las puertas de sus casas brazo de reina y pescado frito.

No hubo más contratiempo, salvo una soga reventada de los guardavallas, antes de la segunda caída de Cristo.

El cansancio normal, la congoja normal, el llanto real de las mujeres de Jerusalén, de María, Verónica y Magdalena que fueron zarandeadas por los soldados para que se quitaran del camino tras lanzarse, cada una en su turno, a los pies de Jesús; todo era tan real, que un joven, le comentó a su compañero: “¡Uay, viste cómo les pegan!”.

Pero eso no fue nada en comparación con los azotes que recibió Jesús desde que le pusieron su corona de espinas hasta su llegada al frente de las pirámides donde fue crucificado; en esa última parte, mientras era clavado en la cruz, sucedió que Judas, vestido con una túnica morada, se ahorcó a un costado de la iglesia, pero muy pocos le prestaron atención, pues las miradas estaban enfocadas hacia Jesús que gritaba: “¡Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen!”.Y con esas y otras palabras, contenidas en la Biblia, dio por concluido el vía crucis, y toda la gente, incluyendo a los más de 130 actores que participaron en la representación, abandonó la plaza que seguía sin una pizca de sol.

Participaron en el vía crucis Fidelia Cen Garrido (María), Paloma Torres Noh (Verónica), Juan Euán Acosta (Cirineo), Gustavo Hernández Díaz (Poncio Pilatos) y Magda Karina Tun Pool (Magdalena), entre otros. Iván Canul




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