Somos y seguiremos siendo Teresianas de corazón

Volver a encontrarnos ha supuesto para nosotras revivir sensaciones casi infantiles, como reírnos a carcajadas, bromear, echar relajo, llorar y emocionarnos como cuando éramos unas chiquillas.

Se dio casi sin planearlo, pero sucedió y con una llamada de Ana Teresa y Doris que pensaron que era un buen momento para que nos juntáramos a recordar, pero sobre todo a compartir qué fue de nosotros y qué aprendimos en el trayecto de este maravilloso viaje de 40 años, fue así como recomenzó esta aventura.

Llegamos tímidamente a la primera reunión sin saber qué íbamos a encontrar, a algunas materialmente no las habíamos vuelto a ver y a otras no las recordábamos bien porque cursaron únicamente un año con nosotros. Sin embargo, la empatía surgió inmediatamente y el cariño siguió su curso natural y de una forma casi prodigiosa nos convertimos en uña y carne. Redescubrirnos ha sido un regalo, ha llenado un espacio que se quedó vacío o en pausa cuando todas corrimos hacia nuestras vidas a vivirlas, a crecer, a tener hijos, responsabilidades, preocupaciones de adultos y tuvimos que dejar aparcada un poco a esa niña que todas llevábamos dentro porque había que sacar adelante un proyecto mucho más grande que era la familia… y lo hicimos lo mejor que pudimos y hoy en un momento casi ideal surgió esta iniciativa que nos ha sorprendido a todas. Es como si hubiéramos esperado el momento perfecto para reencontrarnos.

Somos Teresianas de corazón, lo aprendido y lo vivido en clases nos unió más allá de lo que suponíamos y fue tan sólo juntarnos de nuevo para encender el fuego de una amistad que ni se apaga ni se extingue y parece nos acompañará por siempre.

Conformamos una orquesta única, con sonidos originales y armoniosos donde cada una aporta sus cualidades como notas musicales: Mari Carmen tiene un espíritu tan alegre que en vez de llorar baila, Paty es fuerte y cariñosa, Carmelita, detallista y cortés; Lorena es tierna y sensible, nos brinda simpatía y buen humor; Leonor es tan dulce y delicada que nos enseña el lado amable de la vida, Janet nos da certeza y calidez, es noble, asertiva y emprendedora; Ana Teresa, líder natural, nos integra y une; Doris es una fuerza de la naturaleza, Eida, con su tesón; Ana Eugenia, valerosa; Cristina, dulce y observadora; Mari Soco, clara y suave; Míriam, nobilísima; Delmita, animosa y práctica; Ligia, siempre atareada pero buscando un lugarcito para nosotras, y las que vemos de vez en cuando: Ana Rosa, Mayo, Fidy, Gretel. ¡Todas mujeres sorprendentes!

Hace casi cuarenta años dejamos el Teresiano y emprendimos el vuelo que a cada una nos llevó a distintas experiencias y escenarios, donde crecimos y aprendimos que la vida incluye risas y lágrimas, penas y alegrías y que todo sirve para aprender lo que es vivir.

Muchas tenemos la dicha de ser abuelas y compartimos ese maravilloso sentimiento de ver cómo el amor se multiplica y el corazón se ensancha cuando escuchamos la palabra mágica: abuelita o chichí. Pero eso no quita el que seamos modernas y cibernéticas y que las redes sociales nos sirvan para mantenernos en constante comunicación. El Colegio Teresiano nos unió y brindó una educación de valores que todas atesoramos y de la que nos sentimos orgullosas; somos signo de una época y una ciudad tan especial como lo es la nuestra: Mérida y vamos evolucionando con los tiempos modernos sin perder nuestra esencia. Somos y seguiremos siendo Teresianas de corazón.

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