Se siente una gran pérdida

Se siente una gran pérdida

Una referencia clara para los sacerdotes jóvenes

Presbítero Luis Alberto Avilés Aguilar (*)

En memoria del padre Jorge Antonio Laviada Molina

Así se siente en el corazón, como una gran pérdida. No sé si sea lo más atinado para mí y mis hermanos en el sacerdocio, pues somos hombres de fe y de esperanza; sin embargo, no puedo negar que en lo más íntimo de mi corazón sacerdotal, de mi identidad como presbítero, la partida del padre Jorge Laviada se siente mucho.

No sólo fue aquel maestro con una cátedra apasionada y tan llena de verdad, no sólo fue el formador sabio y cercano, no sólo fue el guía claro y seguro, no sólo fue el predicador elocuente y veraz, no sólo fue el amigo comprometido y fiel, no sólo fue el servidor leal y disponible, no sólo son sus muchas virtudes humanas lo que hace más dolorosa su salida de este mundo hacia la Casa del Padre, sino sobre todo su caridad sacerdotal, su invaluable testimonio de fe y de esperanza, así como su profunda humildad que lo hacían más grande.

El padre Jorge, para muchos de nosotros, los sacerdotes jóvenes, se transformó en una referencia clara, en lo que a ser sacerdote se refiere. Es un testigo de Jesús, el Buen Pastor.

A no pocos hermanos en el presbiterado su partida nos ha hecho lagrimar en el silencio, lejos de las miradas de nuestros fieles, en una oración de gratitud a Dios por habérnoslo puesto como hermano mayor; pues aún en el repentino llamado que Dios le hizo para ir al cielo, nos deja su última enseñanza de docilidad al Espíritu Santo, que un día lo llamó para ser su hijo por las aguas del bautismo, y otro día más, a ser su amigo por el orden sacerdotal.

Gracias padre Jorge, porque tu testimonio, desde aquel lejano septiembre de 1995, nos hizo enamorarnos más del sacerdocio de Cristo a quienes fuimos tus formandos, tus alumnos.

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*) Rector de la capilla de Nuestra Señora del Rosario y director del Centro Editorial de Valores Integrales

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