¿Qué hemos hecho actualmente de la Navidad?

Las tradiciones en torno al Nacimiento se están perdiendo

Mario A. Romero Bolio (*)

¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto su estrella en el Oriente y hemos venido para adorarle (Mateo 2:1-2)

¿En dónde quedó la hermosa costumbre de colocar en el pesebre de cada hogar al Niño Dios por el más pequeño miembro de la familia, entre cánticos y villancicos?

¿Y las posadas, en las que se reunían los vecinos para escenificar entre cantos apropiados la búsqueda de algún lugar para alojar a San José y a la Virgen María, a punto de dar a luz? Este año ya noté, con tristeza, que no hubo niños saliendo organizados con su “rama” para, mediante cánticos adecuados, pedir su aguinaldo a los vecinos del barrio o colonia.

La Navidad es la celebración del Salvador, de Cristo Jesús. Por eso los regalos a los niños, no a los adultos. Ni obsequios lujosos. No son el modo apropiado para celebrar al Recién Nacido en un establo, rodeado de animales y paja, en la mayor pobreza material. El poder del judaísmo internacional ha hecho de tales días de Adviento y de la Navidad una fiesta costosa y de gran lujo. Gasta y gasta es la meta. Olvídense del cristianismo parece ser la consigna. El consumismo impera y todos los establecimientos se aprovechan de nuestras compensaciones anuales (aguinaldos).

Ya no es el Adviento o las fiestas navideñas, los medios de comunicación hablan de “fiestas decembrinas”. Sin Jesús no puede haber celebración de la Navidad. Será motivo para despilfarros y difundir imágenes no cristianas, como Santa Claus, el árbol adornado multicolor y otras cosas, pero no el onomástico del Salvador.

Los Reyes Magos o Magos de Oriente tienen su origen en la Biblia, más concretamente en el Evangelio de Mateo, en el que se menciona a unos magos venidos de Oriente que visitan a Jesús tras su nacimiento como rey de los judíos. A pesar de contar con el apelativo de magos, en realidad se trataba de hombres sabios, astrólogos o sabios paganos. Con esta ofrenda de sabios de otras culturas se demostraría el peso del Dios Yaveh ante los dioses de las otras culturas. En el Evangelio de Mateo tampoco está explícito su número, sólo se indicaba que le ofrecieron oro, incienso y mirra. El número de tres es establecido definitivamente en el siglo V por el papa San León I el Magno.La tradición más difundida cuenta que vinieron de Oriente, en número de tres, en representación de los tres continentes hasta entonces conocidos, y que iban guiándose por una estrella, conocida como la Estrella de Belén, que les condujo hasta Belén. Allí buscaron al Niño Jesús recién nacido y le adoraron, ofreciéndole oro (representando su naturaleza real), incienso (que representa su naturaleza divina) y mirra (un compuesto embalsamador para los muertos).La primera vez que surge el nombre con que hoy conocemos a los Reyes Magos (Melchor, Gaspar y Baltasar) es en la iglesia de San Apolinar, Nuovo (Italia) en el siglo V.Éstos llegaron poco tiempo después del nacimiento de Jesús. A pesar de la tradición, la Biblia no especifica que eran reyes, ni tampoco cuántos fueron, por lo que no era posible saber sus verdaderos nombres.

Cada 6 de diciembre recordamos a San Nicolás, quien descansó en el Señor en el año 345, hace más de 1,660 años. Su nombre significa “protector y defensor de pueblos”. Este santo fue tan popular en la Antigüedad que se le han consagrado en el mundo más de dos mil templos. Era invocado en los peligros, en los naufragios, en los incendios y cuando la situación económica se ponía difícil la gente conseguía por su intercesión favores admirables.

Por haber sido tan amigo de la niñez, en su fiesta se reparten dulces y regalos a los niños, y prácticamente con esta fecha se empezaban las festividades de diciembre. Como en alemán se llama Sankt Nikolaus, lo empezaron a llamar Santa Claus. Nació en Licia (que se localiza en la actual Turquía), de padres muy ricos. Desde niño se caracterizó porque todo lo que conseguía lo repartía entre los pobres. Decía a sus padres: “Sería un pecado no repartir mucho, siendo que Dios nos ha dado tanto”.

Ninguna explicación está completa acerca de la Navidad sin recordar acerca del “árbol de Navidad”. El moderno árbol de Navidad se originó en Alemania. Pero los germanos lo obtuvieron de los romanos, quienes lo obtuvieron de los babilonios y egipcios. Lo siguiente demuestra lo que creen los babilonios acerca del origen del árbol de Navidad: “Una antigua fábula babilónica habla de un árbol de hoja perenne, el cual brotó de un tronco muerto. El viejo tronco simbolizaba a Nimrod muerto, el nuevo árbol de hoja perenne simbolizaba ¡que Nimrod había vuelto a la vida en Tamuz! Entre los druidas, el roble era sagrado, entre los egipcios era la palma, y en Roma era el abeto, ¡el cual era decorado con cerezas rojas durante la Saturnalia!” (Walsh, “Curiosidades de costumbres populares”, p. 242).

Estas costumbres paganas son las que prevalecen ahora en el mundo. En nuestro mundo familiar.

La Iglesia es parte de este desastre, ya que en sus afanes de evangelización ha permitido cada vez más ritos no cristianos. En realidad, la Navidad la empezó a festejar la Iglesia unos 300 años después de la muerte, resurrección y ascensión de Jesús al Cielo.

Borracheras, bacanales, posadas y navidades sin la Sagrada Familia son los festejos actuales. Santa Claus y el árbol navideño han desplazado a Jesucristo. Pocos parecen saber qué se celebra en esta fecha. Nostalgia se apodera de los creyentes cuando miramos con suspicacia los gastos exagerados, cenas fastuosas, regalos costosísimos, etcétera, que han reemplazado la esencia de la Natividad del Señor. Tengan todos los lectores del Diario y el personal que en él labora ¡una feliz Navidad!

—–

*) Profesor y licenciado en Matemáticas.




Volver arriba