“Momento del amor al extremo”

La Última Cena, "testamento" que dejó Jesucristo

Monseñor Emilio Carlos Berlie Belaunzarán termina de lavar los pies de uno de los doce "apóstoles" con los que ayer se representó la última cena del Señor, en Catedral

La última cena del Señor fue conmemorada ayer en Catedral con la tradicional misa del Jueves Santo, que presidió el arzobispo monseñor Emilio Carlos Berlie Belaunzarán y en la que recordó la institución de la Eucaristía y el mandato del amor al prójimo en el servicio.

Cristo quiso hacer en señal de humildad el lavatorio de los pies a sus discípulos, recordó el prelado.

La Eucaristía “es la presencia real, verdadera del Señor Jesucristo”, afirmó el Arzobispo al hablar del significado de la celebración.

Servicio, Eucaristía y sacerdocio son tres misterios que en realidad “son un solo misterio” que proceden del amor entrañable de Jesucristo, recordó a las decenas de creyentes que se dieron cita por la tarde en Catedral.

El Arzobispo lavó a su vez los pies a 12 personas que representaron a los apóstoles; pertenecen a la Cofradía del Santísimo Sacramento, equipo de liturgia y grupo de silentes del máximo templo católico de Yucatán.

Monseñor Berlie celebró la misa con los presbíteros Gaspar Arceo Castillo, rector de la Catedral, y Juan Pablo Moo Garrido, ceremoniero, y el diácono permanente Emilio Torres Arcila. En la homilía explicó que se recordaba la tarde en que Cristo celebró la Pascua con sus discípulos en medio del dolor de la partida. “Cristo llegó al final de su vida y, como otras personas, dejó su testamento. El testamento de Jesucristo es lo que nosotros hemos recibido en este Evangelio”.

“Cuando una persona deja un testamento dice qué hay que hacer con los bienes suyos, así también Cristo tomó sus bienes y los repartió, y los bienes de Cristo, repartidos, son los que nosotros encontramos hoy en la Iglesia”.

“Cristo no se guardó nada, lo repartió todo”.

Monseñor Berlie Belaunzarán añadió que, aunque Jesús “ha muerto en la cruz verdaderamente, también ha resucitado del sepulcro; por eso lo que se recibe de Él es una herencia viva, es decir, es la misma vida del Resucitado”.

Toda la vida del Hijo de Dios fue de amor, “sobre todo este momento final: es el momento del amor hasta el extremo”, subrayó.

“Si Cristo nos dice que nos amemos y que nos amemos como Él nos amó es porque esa palabra va acompañada de una potencia creadora, de una potencia de amor, y esa vida que Dios nos da, que nos comunica, es la que hace que nosotros podamos amar con el amor que Cristo nos da”.

Representaron a los apóstoles Miguel Ángel Ayala Aldana, Gerardo David Paredes Chablé, Román Buendía Santoyo, Luis Cardós Euán, César Chan Kantún, Alberto Calderón González, Jorge Vázquez Haas, Fernando Medina Yam, Víctor Felipe Álvarez Castro, Genaro Israel Valdez Baas, Saulo Pech Euán y Fernando Sierra Argáez.- Claudia Sierra Medina

Misa | Servicio

“Los buenos sacerdotes son un buen regalo de Dios”, dijo monseñor Berlie.

Teresa de Calcuta

Al reflexionar en el servicio al prójimo, compartió una instrucción de la Madre Teresa: “Si tú, al atender a los enfermos, a los pobres no lo puedes hacer con delicadeza y alegría no eres para este instituto, vete”.




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